…VIII PARTE …DE PAPIROS,PERGAMINOS Y PAPELES…UNA HISTORIA QUE NOS ALCANZA…

…VIII PARTE …DE PAPIROS,PERGAMINOS Y PAPELES…UNA HISTORIA QUE NOS ALCANZA EN UN MUNDO NUEVO… Escrito por en ingeniero químico Carlos Manuel Gómez Odio. A. LOS TAPICES NO COSIDOS, en los alvores de la historia. Estos aparececieron en un inicio con la necesidad de teñir a los tejidos y a los papiros. De aquí también nacieron los pergaminos. Se puede decir, que del espesor que llegaran a tener, en función de la consistencia utilizada en la mezcla tintórea que se depositaba sobre las telas cosidas y sobre los papiros, así resultaba ser un tapiz no cosido o un pergamino. Es claro que también entraban en juego los mordientes utilizados como solución de las fibras tintórea allí depositadas. Es decir, dependiendo del pH escogido para determinados efectos tintóreos o de mercerización. De esto último dependen los pergaminos de origen vegetal. También cuando se utilizaron las fibras animales en base a la queratina componente. La vida es un mar de posibilidades. El origen de la misma, en los mares, después de tomar diferentes caminos, en algún momento se juntan en algún proceso de producción. Este es el caso de las fibras. Por un lado tenemos a las fibras vegetales compuestas por polímeros de celulosa, y por otro lado tenemos a las fibras de los animales compuestas por las fibras de la queratina. Unas con formas moleculares exagonales y las otras con formas circulares y ovulares. Pero una aplicación general, es que ambas extructuras celulares son afines a los mismos reactivos a que se les someten cuando estamos hablando de pH de las diluciones de los procesos productivos. Partamos de ver a los TAPICES COSIDOS O TEJIDOS.
Se distinguen dos tipos de tapices, según la posición de los lizos o cordelillos que unen las bandas o secciones de la urdimbre con las perchas que se hallan en la extremidad superior a ésta y que facilitan el movimiento de los hilos:

  • de alto lizo, que se tejen colocando la urdimbre y todo el aparato en posición vertical;
  • de bajo lizo, que se tejen colocando la urdimbre y todo el aparato en posición horizontal, resultando de aquí que se logre mayor rapidez y abaratamiento de la obra aunque una inferior calidad.es una obra de tejido tradicionalmente hecha a mano en la que se producen figuras semejantes a las de una pintura utilizando hilos de distintos colores. También se utiliza la expresión “arte de tapicería. TAPICES NO TEJIDOS.Un no tejido (en inglés: nonwoven fabric) es un tipo de textil producido al formar una red con fibras unidas por procedimientos mecánicos, térmicos o químicos, pero sin ser tejidas y sin que sea necesario convertir las fibras en hilo.[1] En este sentido, estos materiales se definen por su negativo; es decir, por lo que no son.
    El textil no tejido es una lámina, velo o napa de fibras flexibles y porosas, sin trama. Se trata de un textil con poca resistencia a no ser que se aumente la densidad o se refuerce con un forro.Suelen fabricarse con cierto porcentaje de tejido reciclado; el porcentaje depende de la resistencia necesaria para el uso previsto. A la inversa, algunos no tejidos pueden reciclarse después de usado, con el tratamiento y las instalaciones adecuadas. Por estas razones, algunas personas consideran los no tejidos más ecológicos en algunas aplicaciones, especialmente donde los artículos desechables.
    Para su fabricación no es necesario formar una calada para el ligado de los filamentos (no hilados), sino que las fibras textiles se vuelcan en una bandeja de forma aleatoria sin que predomine ninguna dirección y se enlazan unas con otras por medios mecánicos.
    Los no-tejidos son una lámina o red de fibras y filamentos artificiales o naturales, excluyendo al papel, que no se ha tejido y donde las fibras están adheridas entre sí usando alguno de los siguientes métodos:

    • Agregando un adhesivo.
    • Fusionando las fibras con calor.
    • Fusionando las fibras, disolviendo y resolidificando su superficie. ESTO PARECE SER EL RESULTADO DE UN TEÑIDO SOBRE UNA TELA TEJIDA. A esta se le sometía a una aplicación mordiente alcalina, probablemente a partir de sosa cáustica-agua de cenizas calentada a ebullición y dejada repozar por una semana- con gelatina de los huesos y luego rociado con agua de flor de azufre, dejándolo empapado hasta que se secara. Un proceso de mercerización no es de extrañar que se diera. La mercerización altera la estructura química de la fibra de algodón, convirtiendo la celulosa-alfa inicial en una estructura polimorfa de celulosa-beta, termodinámicamente más favorable. El mercerizado tiene por consecuencia la hinchazón de las paredes celulares de la fibra.En otras palabras, las fibras se funden al degradarse.Estas sise prensan, van a quedar pegadas unas con otras. La química empleada posiblemente para obtener la solución ácida fue la de calentar flor de azufre de algún volcan en las cercanías, valiéndose de sus efectos mágicos. Así entonces tenemos que al fundir el azufre, se obtiene un líquido que fluye con facilidad formado por moléculas de S8. Sin embargo, si se calienta, el color se torna marrón algo rojizo, y se incrementa la viscosidad. Este comportamiento se debe a la ruptura de los anillos y la formación de largas cadenas de átomos de azufre, que pueden alcanzar varios miles de átomos de longitud, que se enredan entre sí disminuyendo la fluidez del líquido; el máximo de la viscosidad se alcanza en torno a los 200 °C. Enfriando rápidamente este líquido viscoso se obtiene una masa elástica, de consistencia similar a la de la goma, denominada «azufre plástico. Disuelto enagua, tenemos al ácido sulfúrico, en cual se rocia sobre el tejido antes de prensarlo.
      La mercerización es un tratamiento para el hilo y los tejidos de algodón y cáñamo que les otorga un acabado brillante. Los tejidos e hilos resultantes .amorfa[5] y que durante el tratamiento de mercerización se produce la degradación … en fibras de celulosa regenerada sometidas a un proceso de mercerizado. Los PERGAMINOS AMERICA INDÍGENA nacieron con la fabricación de las cortezas de mate y ulí, también de fibras de maíz con las féculas de maíz, yuca, papa y otros tubérculos. La resistencia para utiñlizarlos como prendas de vestir sin tejer, posiblemente se logró a base de la mercerización. Esta tambíen pudo lograrse con un mercerización suave a base del uso de la sosa y luego, al colorear el tejido, se la agregaba el ácido acético de la fermentación de las féculas empleadas. La cultura perdida en Costa Rica, gracias a los cultivos de los bananos, no permitió vereficar el desarrollo de los pueblos marinos, salvo por las PIEDRAS REDONDAS. Y esto es lo que hemos hayado.El Delta del Diquís, ubicado en el pacifico Sur de Costa Rica, en la baja Centroamérica, alberga una de las manifestaciones escultóricas y culturales, más sorprendentes y singulares de toda la América prehispánica.
      Se trata de las monumentales esferas de piedra descubiertas en la espesa jungla tropical costarricense, donde en otras épocas se desarrollara una particular cultura amerindia que dominó todo el delta y un amplio territorio en torno a él.
      El alto grado de perfección de estas singulares efigies y la gloriosa manifestación de su pasado, evocan incógnitas similares a las planteadas por las pirámides mayas y aztecas, los colosales rostros de la isla de Pascua, los abrumadores muros de Sacsayhuamán, las megalíticas cabezas olmecas, la ciudad de los dioses en Tiahuanaco, las reliquias de Anáhuac, o el encumbrado emporio de Machu Pichu, entre muchos otros tesoros amerindios.
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      Los ineludibles siglos han borrado el nombre de la notable civilización que las esculpió, pero las edades no pudieron destruir sus esféricos monumentos ni corromper el oro de sus orfebres.

      Las primeras esferas de piedra fueron descubiertas en el año de 1939, cuando la “United Fruit Company”, transnacional estadounidense, inició la siembra de miles de hectáreas de plantas de banano. Pero los trabajos de “limpieza del bosque” chocaron de frente con la rebeldía de unas imponentes rocas redondas de tamaños y volúmenes diversos. Centenares de esferas de granito sólido, plagaban literalmente los futuros campos de siembra. Aquella, por demás extraña, cosecha neolítica brotaba incansable conforme se deforestaba la selva.
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      Pocos meses después del hallazgo, la arqueóloga, Doris Zemurray Stone, inició el estudio preeliminar de los monolitos. En 1948, el reconocido arqueólogo Samuel K. Lothrop, experto en civilizaciones indígenas americanas, comienza sus sondeos.
      Las investigaciones de estos pioneros, anunciaron al mundo que las esferas de piedra halladas en Costa Rica, poseen (entre muchas más) cuatro notables características que las distinguen de otras esferas prehispánicas reportadas en el continente Americano:
      1) La extraordinaria cantidad producida.
      2) Su gran tamaño y perfección esférica.
      3) El fino acabado en sus superficies.
      4) El hallazgo de conjuntos de esferas formando alineaciones o figuras geométricas.
      ¡No existe registro alguno de esferas de piedra, en toda la América, ni en el resto del mundo que reúnan las características señaladas!
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      Desde entonces y hasta la fecha un numeroso contingente de científicos e investigadores de todo el mundo, especialistas en diversas ramas, intentan dar respuestas a las principales interrogantes que plantean las esferas del Diquís. ¿Quiénes las hicieron? ¿Cómo fueron realizadas? ¿De qué manera las trasportaron? ¿Qué edad tienen? ¿Con qué propósito fueron hechas? ¿Qué significan?
      El Museo Nacional de Costa Rica, desarrolló en la década de 1990 el proyecto “Hombre y ambiente en el Delta del Diquís” cuyo propósito fue el de arrojar más luz sobre el misterio de las esferas y sus creadores. Los resultados del proyecto aun no han sido publicados, pero cualquier ciudadano puede acceder a esta información, previa solicitud formal al Departamento de Antropología del Museo. Es obvio y necesario que dicho departamento aplique ciertas restricciones, pues algunos documentos pueden constituir un verdadero mapa del tesoro, para los inescrupulosos saqueadores de tumbas.
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      Las investigaciones continúan y hoy podemos decir, sin temor a equivocarnos que: Las esferas de piedra fueron erigidas por una nación amerindia, que se instaló y desarrolló en el Delta del Diquís, desde tiempos inmemoriales. El grupo humano responsable de las esferas, estuvo altamente organizado. La manufactura de estos monumentos fue realizada por medio de las ancestrales técnicas de picado y pulido de la roca. Su fabricación se dio en un ininterrumpido periodo que abarcó más de un milenio. Este hecho sorprende a los estudiosos porque demuestra que durante mil años los creadores de esferas tuvieron control soberano de sus territorios y salvaguardaron por todo ese tiempo la paz en la región.
      Son muchas las interrogantes que surgen en torno a estos singulares monumentos y sus creadores, pero confiamos en que el trabajo de los expertos logre esclarecer lo que aun está en el misterio.
      Cuando observamos la obra de los prehispánicos hacedores de esferas, podemos ver a través de ella el desarrollo de una habilidad y tecnología, sin precedentes en el mundo antiguo: La esculturización del granito a una forma esférica, con una perfección de estrecha tolerancia.
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      Para alcanzar esto se requirieron conocimientos sofisticados, precisión matemática, destrezas dominadas en el manejo de herramientas, ingeniería de transporte etc.
      ¿Por qué todo este enorme derroche de habilidad, ciencia y maña en el corte y traslado de grandes moles de piedra, no fue aplicado para ningún otro objeto?
      ¡Todo este conjunto de técnicas fue consagrado a la fabricación de una sola forma! La esfera.
      Si bien la idea de la esfera, fue concebida por diversas culturas prehispánicas en el continente americano, esta nunca evolucionó (exceptuando en el Delta del Diquís) como concepto escultórico de proporciones monumentales.
      En el horizonte estilístico de la América indígena, estas esculturas redondas presentan una ruptura con respecto a las formas típicas de la estatuaria precolombina de todo el continente. Dicha ruptura se manifiesta en el claro interés por representar en la piedra y de manera monumental, un concepto abstracto (la esfericidad). Las formas artísticas en otras manifestaciones culturales amerindias, giran en torno al mundo de los sentidos, con modelos animales, vegetales o humanos, expresados con exquisita estilización. Las esferas del Diquís quebrantan esos paradigmas tradicionales y se avocan a incorporar una contemplación, no presente en el mundo natural, reflejando con ello un dominio conceptual de la tan abstracta idea de esfericidad.
      Por tanto, lo realmente admirable de los prehistóricos hacedores de esferas del Delta del Diquís, no son las esculturas redondas en si mismas, (las cuales lograron con tan prodigiosa maestría), sino más bien el cómo, bajo cuál atmósfera cultural y con qué instrumentos sociales y de trabajo las realizaron. Y ante todo, cómo fue posible que estos amerindios del neolítico, desarrollaran hace más de dos mil años el tan abstracto concepto de la esfericidad, mismo que no lograron las grandes civilizaciones de Mesopotamia, Egipto, Siria, Grecia, Roma, etc. Estas culturas se conformaron con el dominio geométrico y filosófico del círculo, mismo que les alcanzó para levantar sus imperios.
      No puedo evitar el desborde de mi imaginación al pensar en las deslumbrantes construcciones arquitectónicas, que con estos conocimientos hubiesen podido edificar los notables amerindios del Diquís.
      Hoy sabemos que las condiciones climáticas, tectónicas, y el desborde cíclico del río Térraba sobre la llanura aluvial, hubieran frustrado todo intento de fundar en la zona cualquier edificación ciclópea… pero de haber sido posible ¿Qué formas alucinantes hubiesen tenido esas construcciones?
      Cuando observo la impar obra de esta cultura aborigen, me pregunto: ¿De donde nació la obsesión por lograr tan extraña y numerosa empresa? ¿Quien y por qué, exigió a los artesanos semejante perfección? ¿Cuál fue el propósito de ese enorme esfuerzo continuado por siglos? ¿Cómo fue concebida la primera escultura esférica? ¿Qué fue de estos incansables escultores?
      No tengo respuestas a tales inquietudes, pero el descomunal trabajo que supuso el labrado, picado, pulido y movilización de grandes y pesadas esferas de granito, me provoca una profunda admiración y absoluto respeto por sus hacedores, quienes tuvieron la innegable capacidad para realizar tan singular tarea, equipados tan solo de herramientas neolíticas, materiales vegetales y un inquebrantable propósito.
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      El mejor tributo que podemos dar a nuestros antepasados históricos, es reconstruir la obra que ellos edificaron en siglos, y nuestro arrogante progreso borró en pocos años.
      Las esferas de piedra del Diquís no son tan sólo un importante legado cultural para los costarricenses, constituyen además un precioso patrimonio para toda la humanidad.
      El ancestral Delta del Diquís
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      Para comprender mejor la región geográfica en donde se desarrolló, la deslumbrante cultura amerindia responsable de las esferas, anotaremos:
      El Delta del Diquís o Delta Sierpe-Térraba es uno de los sistemas deltaicoestuarinos (perdonen semejante palabra) más importantes del sur de América Central, su formación la originan el Río Grande de Térraba y el Río Sierpe, ambos descargan sus caudales en el océano Pacifico. El Grande de Térraba colecta las aguas en descenso de innumerables ríos de la cordillera de Talamanca. Esta es la cuenca hidrográfica más extensa de todo el país.
      Por su lado el río Sierpe, de menor caudal, nace en una laguna ubicada en el mismo Delta, le son tributarias las aguas de varios ríos y quebradas que desguindan de las serranías de la península de Osa.
      La extensa llanura aluvial se ubica, a nivel geográfico, en una posición estratégica desde donde el traslado por tierra o mar, a los lugares que van del Golfo de Chiriquí (Panamá) hasta el Golfo de Nicoya al norte de Costa Rica y las islas cercanas a la costa, fue más que posible. En definitiva la zona costera y las Islas cercanas al Delta fueron un importante centro de intercambio cultural y de comercio precolombino.
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      Los suelos del Delta fueron prósperos para la agricultura, con abundante variedad de flora y fauna. Además los más ricos yacimientos de oro de todo el país se ubican en las franjas aledañas al Diquís.
      El Delta del Diquís, dominio hierático de las esferas de piedra, constituyó un importante centro de producción, un núcleo de convergencia de ideas, comercio y conocimientos para la baja Centroamérica. Donde se desarrollaron extensas poblaciones humanas, organizadas bajo el dominio de un poder central (reyes y sacerdotes) que imperó sobre las diversas castas sociales de escalonados estratos.
      Los aborígenes del Diquís alcanzaron un alto nivel productivo, por la agricultura y el uso de la rica gama de recursos que posee la región, posibilitándolos para la acumulación de excedentes, con ello el holgado sostenimiento de una casta real y sacerdotal y por supuesto un extenso gremio de artesanos especializados en la producción de objetos de alta elaboración.
      Estos artesanos expertos, desarrollaron estilos propios, con gran riqueza en la forma de sus creaciones y un dominio sorprendente de las técnicas, así lo evidencian los objetos de oro, la alfarería y la escultura en piedra encontrados en las milenarias llanuras del Diquís.
      Son tres los impresionantes hallazgos en el Delta y sus alrededores, los que han llamado la atención de la arqueología y la antropología mundial. Se trata de representaciones consideradas como muy particulares (únicas) dentro de las civilizaciones prehispánicas del continente americano.
      La primera de ellas, a la cual dedicaremos el énfasis de este libro, son las monumentales esferas de piedra, cuyo gran tamaño, perfección, fino acabado y extraños alineamientos no tienen parangón en el continente americano ni en el resto del mundo.
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      El segundo componente que atrae la atención de los investigadores, son las portentosas estatuas aplanadas de base de espiga (de hasta dos metros de altura) representando hombres y mujeres, luciendo máscaras zoomorfas y extraños tocados. Monumentos de estilo tan específico, no se han encontrado iguales fuera del área del Diquís.
      El tercer elemento lo constituye la metalurgia peculiar de esta circunscripción geográfica. Dicha metalurgia despliega técnicas y maneras singulares de muy alta elaboración y gran contenido mitológico.
      Estas representaciones distintivas están ligadas al descubrimiento (en la misma zona) de los restos de grandes y prolongados asentamientos humanos. La gran cantidad de montículos empedrados, (basamentos habitacionales y ceremoniales) plazas públicas, cementerios, calzadas, etc., dan evidencia de ello. Los hallazgos alertaron a los primeros investigadores quienes pronto conjeturaron la presencia antigua de una desarrollada cultura.
      Image7067.jpgLos pretéritos asentamientos humanos han sido ratificados por las modernas excavaciones y el análisis de vestigios encontrados.
      Hoy es un hecho arqueológico: El Delta del Diquís albergó a una desarrollada cultura, estructurada con una alta organización política, religiosa, económica, y social. Dicha cultura esparció sus dominios por toda la llanura aluvial y alrededores del territorio.
      Hablamos de una sociedad compleja, una nación que manejó los aspectos ideológico-simbólicos, capaces de organizar, consolidar y hacer funcionar de manera efectiva su pequeño reino.
      Un pueblo con el desarrollo agrícola, político y comercial, necesario para mantener con solvencia a grupos de artesanos especializados, donde sus obras monumentales (esferas y estatuas megalíticas) formaron parte de un conjunto místico y social de emblemas públicos, entregados por sus reyes al pueblo para el usufructo de la colectividad.
      Lamentablemente esta espléndida zona arqueológica ha sufrido intensos saqueos. La vasta llanura aluvial donde se encuentran los principales yacimientos de interés arqueológico, se cultiva de manera extensiva (banano, cacao y palma africana) desde finales de los años 1930.
      Los saqueos vernáculos y la agricultura transnacional constituyen el mayor tropiezo para las investigaciones en el Delta, esto debido a la pérdida irreparable de información arqueológica de medular importancia.
      Si bien se han encontrado y recuperado gran cantidad de piezas, su estudio se ve limitado debido a la destrucción del contexto en que se hallaban originalmente.
      Pero las investigaciones continúan y futuras excavaciones, prometen ensanchar los horizontes y arrojar más luz acerca de este enigmático pueblo, de quien desconocemos su nombre.
      De tal manera y para efectos de comunicación, nos referiremos a este desaparecido grupo humano con el nombre de “Los Dikís”
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      ¿Cuándo fueron descubiertas?A finales de la década de los años treinta, la corporación United Fruit Company inició sus trabajos en la zona del Diquís. Su misión: sembrar miles de hectáreas de plantas de banano. Mismo terreno que en aras del progreso hubo de ser deforestado de manera meticulosa. Los árboles y cientos de especies vegetales y animales, perdidas para siempre, no opusieron resistencia a las hachas, cierras mecánicas, tractores y demás maquinaria de la prosperidad.
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      Miles de objetos arqueológicos incluyendo las afamadas estatuas de base espiga y esculturas zoomorfas, aparecieron por aquí, por allá y acullá.
      Los vestigios fueron removidos fácilmente conforme el acero de nuestra civilización avanzaba inexorable.
      Toda tumba el la región fue profanada y saqueadas sus ricas ofrendas fúnebres. Los restos mortales de antiguos reyes y poderosos sacerdotes fueron a parar junto a los escombros de la floresta.
      Pero aquellos impecables trabajos de “limpieza del bosque” para la optima preparación de los campos de siembra, chocaron de frente con la rebeldía de unas imponentes rocas redondas de tamaños y volúmenes diversos.
      Conforme se adelantaba en la empresa, las estorbosas pelotas de piedra mostraron un rasgo en común: su forma increíblemente análoga.
      Los peones contratados, informaron a su patrón inmediato del problema. Este era el estadounidense George P. Chittenden, quien trabajaba como explorador y comprador de tierras para la United Fruit Company en el Delta del Diquís, además tenía a su cargo las operaciones de “limpieza”. Chittenden ordenó desalojar las esferas que podían ser palanqueadas y empujadas por los tractores, -Si son redondas rodarán- dijo a sus subalternos, mas hubo de esperar a que maquinaria especializada llegara a la zona para desalojar a las mas pesadas.
      En San José Chittenden informó del hallazgo a su compatriota, la arqueóloga Doris Stone, ella le suplicó encarecidamente que no moviera más los objetos hasta que pudiera analizarlos.
      -Casi todos ya han sido removidos, pero dejaré futuros descubrimientos en su lugar, en tanto no demore usted mucho su llegada.- prometió el capataz.
      La arqueóloga llegó a las fincas bananeras en abril de 1940, bajo el sofocante calor de la estación seca. La devastación de los sitios de interés científico la decepcionó de gran manera, sin embargo dedicó casi un año de estudios en la zona. La doctora Stone realizó una serie de investigaciones, mas le fue imposible obtener una datación coherente de los monolitos, ni esclarecer su posible origen y por supuesto tampoco logró hallar evidencias arqueológicas que justifiquen la perfección de su manufactura.
      En 1943 publicó sus observaciones. En agradecimiento al funcionario de la compañía bananera registró el nombre de George P. Chittenden como el descubridor de las gigantescas esferas de piedra en el Delta del Diquís.
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      Los pioneros trabajos de la doctora Stone han sido de gran importancia para los estudiosos que la precedieron.
      Ella observó muchos grupos de esferas y se enteró que estas estuvieron acompañadas por grandes estatuas de piedra que representaban figuras de animales y humanas. Hoy los astrofísicos que estudian en épocas de equinoccio y solsticio los alineamientos de las esferas, lamentan la perdida absoluta de la posición exacta de estas inmensas estatuas, pues al ser relevadas de sus primigenios lugares se perdió con ello la observación de las sombras reflejadas por el sol en su trayectoria anual aparente (eclíptica) y su posible utilidad como calendario astronómico.
      La doctora Stone fue la primera en percatarse que en toda la zona del Diquís, no existen canteras del material utilizado en la fabricación de las esferas. Además pertenecen a ella las primeras observaciones de alineaciones.
      Anotó en sus cuadernos de campo:
      “La finca 7 tiene la colocación más rara de esferas y las más grandes de todas las que he visto… en un área de 300 varas encontramos 10 bolas distribuidas en una línea este-oeste levemente curvada. Cuatro de ellas miden 1.70 metros , las otras seis 1.52 metros … además vimos otra, aislada de estas con una dimensión superior a los 2 metros y un peso calculado en 16 toneladas… debajo de las esferas hay una plataforma de guijarros destinada a fijarla y evitar su hundimiento… de no ser por su inmenso volumen y acabado minucioso, las asociaría con las que vi en Tenampuá, en el interior de Honduras, en Llano Sula, Travesía y Benjeviejo, pero se parecen mucho a las dos de Honduras Británica, aquellas también son de granito aunque su dimensión no supera los 56 cm … Es precisamente la extraña inmensidad de estas bolas, su gran tamaño, lo que plantea el problema de su posible uso… supongo que una de las funciones hubo de ser la de delimitadores territoriales”
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      Años después, en 1948, el reconocido arqueólogo Samuel K. Lothrop, experto en civilizaciones indígenas americanas, regresa a Costa Rica para continuar su trabajo en la Península de Nicoya, pero se topa con un país en revolución, los combates se desarrollaban desde la capital hasta la frontera con Nicaragua. Oportunamente es invitado por la Dr.Stone para visitar el Delta del Diquís, asegurándole un lugar alejado de las escaramuzas. Lothrop quedó fascinado por la riqueza arqueológica del Delta. Con el consentimiento de los jerarcas de la compañía bananera, montó campamento en el lugar y dio inicio a su exhaustiva investigación.
      En 1963, quince años después, el museo Peabody de Cambridge, Massachussets, U.S.A. publica sus investigaciones bajo el titulo: “Archeology of the Diquís Delta Costa Rica”. La obra de Lothrop no ha sido traducida al español.
      Si bien, este experto en civilizaciones precolombinas no logró formular conclusiones categóricas con respecto a la cultura de los “Dikís” ni a sus monumentales esculturas esféricas, fue él junto a la Dr. Stone quienes constituyeron la avanzada de posteriores descubrimientos.
      Desde su incidental hallazgo en 1939 un numeroso contingente de científicos he investigadores de todo el mundo, especialistas en diversas ramas, intentan dar respuestas a las principales interrogantes que plantean las esferas.
      Sin embargo a partir de la década de 1990, cualquier información seria que logremos recabar nos remitirá inexorablemente a las exhaustivas investigaciones, realizadas desde entonces y hasta la fecha, por la arqueóloga costarricense Ifigenia Quintanilla Jiménez.
      La confección de este libro no hubiese sido posible sin el recurso de sus tesoneras exploraciones.
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      ¿Qué las hace tan especiales?Son varias las particularidades que han captado la atención de un mundial y heterogéneo contingente de investigadores de variadas disciplinas y especialidades.
      Unos han llegado hasta las esferas con propósitos científicos, otros se han acercado a ellas para desarrollar sus teorías más allá del marco de la ciencia.
      Cada día son más numerosos los grupos espirituales que peregrinan hacia las esferas del Diquís, para realizar en torno a ellas sus modernas ceremonias chamánicas.
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      El producto de la contienda entre ciencia, religión, arte y filosofía son los muchos y dispares conceptos elucubrados a expensas de tan exclusivas reliquias.
      Algunos planteamientos nos sorprenden por fantásticos, otros más bien son descabellados, los hay simplistas, místicos, ficticios, técnicos, artísticos, matemáticos, etc. Pero en una cosa todos están de acuerdo: “Las esferas del Delta del Diquís a nada se parecen si no a si mismas”
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      Su asombrosa esfericidad y la gloriosa manifestación de su pasado, evocan incógnitas similares a las planteadas por las pirámides mayas y aztecas, las gigantescas cabezas de la isla de Pascua, los ciclópeos muros de Sacsayhuamán, los monumentos olmecas, las reliquias de Anáhuac o la ciudad mística de Tollan, entre muchos otros tesoros del continente.
      De igual manera, las esferas halladas en Costa Rica constituyen una de las muestras más impresionantes y particulares de las representaciones en piedra de toda la América precolombina.
      Estas poseen –fundamentalmente- cuatro características singulares, distinguiéndolas de entre otras esferas antiguas reportadas en el continente:
      1) La extraordinaria cantidad producida.
      2) Su gran tamaño y perfección esférica
      3) El fino acabado en sus superficies.
      4) El hallazgo de conjuntos de esferas formando alineamientos o figuras geométricas
      No existe registro alguno de esferas de piedra en las américas ni en el resto del mundo que reúnan las características señaladas.
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      ¿Donde están?Como hemos mencionado antes, las esferas se encuentran principalmente en el Delta del Diquís (su patria natal) caracterizándose por poseer las de mayor tamaño. A partir de este punto, los misteriosos monolitos se extienden en un basto circuito en torno al Delta.
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      Más allá de éste perímetro, o epicentro de las esferas, se han encontrado ejemplos en las llanuras atlánticas, Panamá y la Isla del Caño, ubicada a unos 17 Km . mar adentro de la boca del Río Sierpe.
      El mecanismo utilizado, en épocas lejanas, para trasladar tan pesados monumentos hasta la mencionada isla, aun intriga a los estudiosos.
      Hasta el año 2000 se han reportado 34 sitios arqueológicos con esferas de piedra en Costa Rica. De estos 30 se ubican en el Pacifico Sur, principalmente en el cantón de Osa, provincia de Puntarenas. Zona perteneciente en términos arqueológicos a la región Gran Carriquí, sub-región Diquís.
      El sitio más separado hacia el sur se registra en Panamá cerca de la frontera política con nuestro país.
      El más distante hacia el norte fue descubierto en el Valle de la Estrella , esto es cruzando el límite de aguas de la alta cordillera de Talamanca hacia la vertiente atlántica.
      Las esferas mas antiguas fueron halladas en el poblado de Bolas, (Buenos Aires de Osa) San Vito (Coto Brus) en dos sitios en Golfito y la desembocadura del Río Coto-Colorado.
      Los científicos se han valido para fechar su antigüedad, de la cerámica prehispánica y otros artefactos y ecofactos encontrados en la zona de su hallazgo (contexto).
      Las esferas de piedra por si mismas no pueden ser datadas. En el artículo titulado “¿Cuándo fueron hechas? Analizaremos esta problemática.
      En 1948, Samuel Lothrop estimó que había por lo menos 300 esferas, únicamente en las zonas inspeccionadas por él mismo con el propósito, de encontrar el mejor lugar para establecer su investigación. La tardía publicación de su trabajo (1963) dio registro de unas 186 esferas. Prácticamente todas las esferas estimadas por Lothrop, han sido separadas de sus parajes prehispánicos originales.
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      El exilio El lastimoso desarraigo de las esferas se promovió metódicamente desde su descubrimiento en1939.
      Las familias de abolengo, máxime las hacendadas en el valle central, empezaron a utilizar estas esculturas como ornamentos del césped.
      Para los años 60 constituían una especie de moda entre las alcurnias, un emblema de poder económico y social. Fueron pocas las mansiones que no exhibían uno de estos monumentos en sus hermosos jardines.
      Las primeras esferas cautivas, abandonaron su nación encadenadas sobre carretas de ferrocarril, luego se contrató maquinaria agrícola, especialmente adaptada para su transporte.
      Por eso no es raro ver esferas monumentales decorando los frontones, de empresas dedicadas a importar maquinaria pesada. Tal es el caso de Matra en Escazú quien posee tres bellísimos ejemplares y Agromec en La Uruca. Sin contar las muchas existentes en manos particulares.
      Hoy podemos verlas, desarraigadas, solitarias y melancólicas esparcidas por todo el país y fuera de él.
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      Símbolos gubernamentales El gobierno no se quedó atrás y decoró muchas de las instituciones públicas con ellas.
      Podemos admirar algunas en: La facultad de agronomía de la Universidad de Costa Rica, El edificio de la Corte Suprema de Justicia, el Parque de la Merced , el Aeropuerto Daniel Oduber, en Liberia Guanacaste (alejada por cientos de kilómetros de su contexto), el Museo del Niño, la Caja Costarricense de Seguro Social (esta afortunada esfera fue repatriada en 1999, hoy se ubica en las afueras del edificio municipal de Ciudad Cortéz, en Osa) y no podemos dejar de mencionar la hermosa colección que exhibe el Museo Nacional en San José. Muchas de las expuestas allí fueron cargamentos decomisados, que saldrían del país para ser vendidas en Europa. Lamentablemente no pocos contrabandos han burlado los controles.
      Cuando entramos al Museo Nacional, nos recibe de frente una antigua esfera monumental, ésta, con todo y su pedestal fue confiscada al narco traficante mexicano Caro Quintero.
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      Políticos bondadosos El gobierno también obsequió muestras impresionantes de ellas a otros países.
      Se de por lo menos tres exhibidas al público en los Estados Unidos. Una está en el Museo de la Sociedad Geográfica en Washington. La embajada de Costa Rica en esa misma ciudad posee un ejemplar, otra portentosa muestra se aburre injertada en un patio del museo Peabody de Arqueología y Etnografía, en la universidad de Harvard, situada en Cambridge, Massachusetts.
      Esferas registradas El pobre computo oficial de esferas, registrado hasta el 2001 por el Museo Nacional de Costa Rica, apenas supera las 176 unidades.
      Todo parece indicar que se le ha dado prioridad de registro a las más grandes. Sin embargo debemos ser pacientes, recordemos que fue hasta la década de los 80 cuando recién esta institución gubernamental inicio su “Estudio de Protección y Valoración de las Esferas de Piedra”. Sin lugar a dudas pronto se registraran muchas más.
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      Repatriación
      El día lunes 18 de octubre de 1999 es fecha célebre para las esferas de piedra del Diquís.
      Según la directora del Museo Nacional de aquel entonces, la señora Melania Ortiz, fueron removidas de sus contextos precolombinos cerca de 500 esferas monumentales desde su descubrimiento.
      El regreso de ocho ejemplares a su patria natal es apenas un acto simbólico pero de gran trascendencia. Se pretende con él instar a las instituciones públicas y coleccionistas privados, que aun retienen estos tesoros arqueológicos y patrimoniales, se unan a la iniciativa.
      La idea es crear en el Delta del Diquís “El Parque Temático de las Esferas” del cual hablaremos más adelante.
      De las ocho afortunadas reliquias regresadas a casa, dos fueron liberadas de su largo cautiverio en los patios capitalinos del Museo Nacional, otras dos dejaron los jardines de la casa de doña Estrella y don Rodrigo Carazo en Escazú. De seis exiliadas hace más de veinte cinco años a las frías alturas del Bosque de la Hoja en San Rafael de Heredia. Tres volvieron a sentir el cálido sol de Palmar. Por un cuarto de siglo don Alonso Jiménez las resguardó en su finca. Al desprenderse de ellas, este noble anciano dijo con notoria melancolía: “Quienes tenemos en posesión esferas precolombinas, debemos reconocer que únicamente hemos sido sus cuidadores temporales… ha llegado el momento de regresarlas a sus verdaderas tierras, no dudo que allí serán bien cuidadas. Quedan tres en mi finca, ellas me acompañaran hasta el día de mi muerte, luego es mi voluntad que sean regresadas a Osa”
      La última de las ocho recuperadas, mide casi dos metros de diámetro, dentro del cual contiene cerca de doce toneladas de granito sólido. Ésta inmensa bola exhibía su rotunda esfericidad en el edificio de la Caja Costarricense del Seguro Social, en San José.
      Se requirió de un operativo nocturno, maquinaria pesada y muchos trabajadores para bajarla de su pedestal urbano.
      El recibimiento Como si se tratara de héroes de guerra recién liberados de ingratas prisiones, las reliquias fueron recibidas en medio de grandes celebraciones por los vecinos del cantón de Osa, provenientes de los distritos de Palmar Sur, Palmar Norte, Ciudad Cortéz y Sierpe, amen de muchas otras personas que llegaron de Golfito, Buenos Aires, Coto Brus, Pérez Zeledón, Drake y Corcovado para rendir homenaje a sus titanes.
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      Las fiestas de bienvenida iniciaron desde tempranas horas. En medio de las celebraciones se hizo remembranza de los actos valientes protagonizados por estudiantes y vecinos del cantón, cuando hace veinte años bloquearon carreteras, para impedir la salida de varias esferas monumentales que habían sido saqueadas de las inmediaciones del actual aeropuerto. Al verlas montadas en un “lowboy” (carreta baja, remolcada por un cabezal) los estudiantes y vecinos no lo pensaron dos veces y salieron a las calles impidiendo su salida. Dos de estas esferas gigantes son resguardadas hasta la fecha en el liceo de Palmar Norte.
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      Las gentes de Osa poseen gran conciencia de sus tesoros patrimoniales. Es hora que dicho cantón se consolide como lo que es: un verdadero cantón arqueológico.
      Es curioso… desde el inició de la campaña de repatriación, promovida por el Museo Nacional, el paisaje urbano viene mostrando cada vez menos esferas monumentales antiguas. No porque las manos privadas estén devolviendo el patrimonio nacional que detentan, ¡no!, más bien parece ser el resultado de una estrategia avara, y las esferas están siendo escondidas de semejante cruzada.
      Desde el 18 de octubre del 1999, hasta el 12 de junio de 2004 (fecha en que escribo estas notas) no se ha deportado una sola esfera más. Ojalá la noble iniciativa de hace cinco años, no caiga en la lista de las buenas intenciones olvidadas.
      ¿Qué tamaño tienen las esferas? Las mediciones nos muestran un amplio rango de tamaños, cuyo espectro varia de los 10 centímetros hasta los 2.57 metros de diámetro, por ende su pesos oscilarán desde unos cuantos kilos hasta superar las 16 toneladas.
      La utilización de una banda tan ancha de diámetros, pesos y volúmenes en la fabricación prehispánica de esferas, amplifica también los horizontes de su uso y significación.
      La mayor cantidad de las esferas registradas concentran sus diámetros en el rango de los 80 y los 120 cm . Otras presentan tamaños superiores a los 150 cm ., las más grandes llegan a los dos metros hasta alcanzar la descomunal proporción de 2.57 metros de diámetro.
      Esferas de aproximadamente 60 cm . y menores se convirtieron (por su relativa liviandad y fácil transporte) desde el descubrimiento de las gigantes, en el souvenir favorito de quienes visitaron y aun visitan la zona. Cientos de originales esferas livianas se encuentran hoy dispersas por todo el mundo.
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      En mis visitas al Delta del Diquís en el 2004 pude constatar que esta situación no ha cambiado mucho. Pese al gran respeto que la mayoría de los pobladores de Palmar Norte y Sur tienen por sus tesoros patrimoniales, los saqueos continúan siendo incontrolables.
      Algunos artesanos de la zona, manufacturan hoy hermosas esferas en piedra, pero su arduo trabajo enfrenta la competencia desleal de huaqueros, quienes siguen encontrando y traficando con esferas pequeñas.
      Esto induce a pensar en una gran producción antigua de esferas pequeñas. Posiblemente su uso esté relacionado con la fabricación de las grandes. Image7081.jpg
      Si colocamos una esfera grande y pesada sobre un lecho dispuesto con esferas pequeñas, notaremos con asombro la relativa facilidad con que podemos hacer girar en cualquier dirección a la esfera pesada, esta facilidad aumentará conforme al grado de pulimento de las esferas, agréguese una corriente de agua y la resistencia será mínima. Se me antoja creer en un método similar usado antaño para trabajar las últimas etapas de las esferas monumentales.
      Al observar esferas pequeñas podemos ver imperfecciones notorias en su contundencia (entre más pequeña más irregular) quizá esta imperfección no se deba a manos inexpertas, sino al posible uso antes mencionado.
      La más grande registrada.
      Cerca de la ciudad de Palmar Sur encontramos el sitio arqueológico llamado “El Silencio”, ubicado en el piedemonte de la Fila Grisera.
      En la parte media de una cuesta, elevada a más de un centenar de metros sobre el nivel de la llanura aluvial, fue descubierta el siglo pasado, en la década de los años cuarenta, “in situ” la esfera mas grande del mundo hecha por aborígenes del pasado.
      Hasta hoy, en todo el globo terráqueo, no existe registro de ningún monolito esférico primitivo de mayor tamaño.
      Este insólito monumento ostenta un diámetro de 2.57 metros y su peso ponderado supera las 16 toneladas.
      Tristemente la incomparable esfera se encuentra muy deteriorada. La actividad agrícola y su costumbre de quemar las parcelas para preparar la siembra, la sometió durante muchos años a elevadas temperaturas, esto y los tupidos aguaceros han provocado una lenta e indeseable exfoliación del granito (se descascara).
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      El Museo Nacional de Costa Rica en su afán de preservar el monumento, ha levantado en varias ocasiones un rústico rancho para protegerla de las inclemencias del tiempo. Pero el inevitable vandalismo se encarga de incendiar y destruir los ranchos.
      Sumado a tales desgracias, la esfera más grande del mundo, es “pellizcada” constantemente por cuanto turista la visita para llevarse un pedacito de ella como recuerdo.
      El sitio arqueológico donde es atormentada “la esfera del silencio” ha sido inspeccionado en forma minuciosa. Sus inmediatos alrededores no presentan asentamientos humanos primitivos, únicamente se hallaron fragmentos dispersos de material cerámico y algunas hachas de forma acinturada.
      Emplazar semejante esfera en tan empinado terreno, requirió sin duda de un gigantesco esfuerzo colectivo, altamente organizado. El sitio debió tener un significado muy especial para los “Dikís” quizá conmemorativo o simbólico.
      Ojala las autoridades del Museo Nacional se decidan de una vez por todas a restaurar tan importante monumento y se le de la protección que merece, de lo contrario en pocos años la esfera más grande del mundo, será tan solo un peñasco amorfo.
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      Regresando al tamaño de los monumentos se considera este en relación al estatus socio económico de cada aldea.
      Pero las esferas monumentales no fueron exclusivas de los grandes centros de asentamiento precolombino. Se han encontrado esferas de considerable tamaño en vestigios de aldeas pequeñas, ubicadas en el circuito aledaño al mega sitio de Palmar.
      El aumento en la dimensión de las esferas se relaciona con los cambios culturales, registrados en la región por los años 700 u 800 después de Cristo. A partir de aquí no solo aumenta su producción, sino además se incrementa notablemente el tamaño. El surgimiento de la metalurgia corresponde a ese periodo, facilitando con sus nuevas tecnologías la fabricación de esferas más grandes y numerosas.
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      Bajo el manto de aluvión Algunos exploradores no descartan la esperanza de encontrar en el Delta, esferas de igual o superior tamaño a la mayor registrada.
      Los suelos blandos de la región abren la posibilidad, nada utópica, de localizar reliquias superiores a las 10 toneladas, sepultadas por los años en las tierras del Diquís.
      El terreno donde descansa la gran esfera de “El Silencio”, fue acondicionado desde épocas pretéritas para soportarla. Hoy podemos observar, como dicho soporte, después de cientos de años, esta cediendo a tan descomunal peso.
      Los suelos de las laderas montañosas son mucho más compactos en relación a las llanuras aluviales, razón por la cual una gran parte de esferas pesadas fueron descubiertas semi enterradas, algunas sólo mostraban una pequeña corona superior y otras fueron halladas por excavación. La existencia subterránea de esferas pesadas es desde cualquier punto de vista, más que factible. Por tanto el record ostentado por “El Silencio” puede ser igualado e inclusive superado en cualquier momento.
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      ¿Quiénes las hicieron?He dado el nombre acomodaticio de “Los Dikís” a la cultura responsable de la fabricación de las esferas de piedra, sin embargo la antropología desconoce su nombre específico.
      Esta laguna en la investigación ha dado pie a muchas especulaciones, algunas de las cuales promocionan la idea de una misteriosa civilización, desaparecida de la geografía costarricense cientos y hasta miles de años antes del contacto español, sin dejar rastros de su cultura.
      En las próximas páginas veremos que tal concepción no es exacta.
      Desconocer el nombre específico de esta cultura, no significa ignorancia total acerca de ella, ni de los grupos humanos instalados en el Delta del Diquís y en toda la zona sur del país desde épocas arcaicas.
      Abordaremos tan inquietante pregunta retrocediendo en el tiempo, lo suficiente para abarcar la cuestión desde su génesis.
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      Los primeros amerindios Se concuerda que hace al menos 12.000 años, los primeros inmigrantes ingresaron al continente americano procedentes del noroeste de Asia. Otras evidencias, menos claras pero muy convincentes, extienden el periodo a más de 20.000 años. No se descartan migraciones menores provenientes de las islas del Pacífico.
      La cantidad de migraciones, sus puntos de partida he ingreso es tema de intensas discusiones dentro de la comunidad científica. Sin embargo todos concuerdan, -independientemente de las rutas utilizadas para ingresar al continente-, que el hombre americano tuvo un origen asiático.
      En algún momento avanzaron a través del istmo centroamericano, deteniéndose en la parte más estrecha constituida por lo que son hoy los territorios de Costa Rica y Panamá.
      Por miles de años ajustaron sus características biológicas y culturales a la zona de ocupación.
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      El filtro biológico
      La posición y carácter geográfico de la frontera sur de Centro América, constituye una especie de “cuello de botella” un filtro biológico para los diversos organismos animales vegetales y humanos. Prueba de ello es la gran biodiversidad del territorio. El 5% del nivel mundial. Porcentaje notoriamente elevado considerando la estrechez del espacio en este punto del istmo.
      Las tres grandes regiones En términos geográfico-culturales se ha dividido en tres grandes áreas al conjunto de civilizaciones amerindias que evolucionaron en el continente luego de su ocupación:
      a) Mesoamérica
      b) Zona intermedia
      c) Región incaica o andina

      La zona intermedia
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      La baja Centroamérica se ubica en el área intermedia, erróneamente imaginada como un simple espacio de transiciones.
      En Costa Rica cubre casi todo el territorio nacional, exceptuando la provincia de Guanacaste. Al norte se extiende por las tierras orientales de Nicaragua y Honduras. Al sur abarca los territorios de Panamá, Colombia, y la parte norte de ecuador.
      Los investigadores y estudiosos a nivel mundial, deslumbrados por la grandiosidad material de las civilizaciones Mesoamericanas, (emplazadas en la parte central y meridional de México y algunos países de Centroamérica) y fascinados a la vez por las magnificentes culturas andinas, (desarrolladas por toda la costa occidental de sur América), han relegado el área intermedia a segundos y hasta terceros planos de exploración. Pues se ha considerado a los grupos de origen chibcha que habitaron y habitan la zona intermedia, como tribus provenientes del norte y del sur en migraciones relativamente recientes. (1000 d.C.)
      Por fortuna, un selecto grupo de científicos, entre ellos muchos costarricenses, como el biólogo Ramiro Barrantes, autor del libro “Evolución en el Trópico”, han aportado reveladoras evidencias de orden arqueológico, lingüístico, genético, etnográfico, etc. que contradicen de manera rotunda a las viejas consideraciones.
      Los nuevos resultados El peso de sus investigaciones es tal que ya pueden borrarse definitivamente de los textos, conceptos añejos y dar paso a los nuevos resultados, los cuales muestran que las primeras migraciones de los grupos chibchas, se dieron mas bien desde los confines de Centroamérica hacia el sur, indicando al sector occidental del Área Intermedia como el lugar de origen de toda esta familia, establecida en los territorios mencionados hace más de 8.000 años.
      Los chibchas de la región Gran Chiriquí y Diquís tienen su propia identidad y singularidad genética, que los distinguen de otros grupos del meridión mesoamericano y del septentrión andino. Lo que demuestra un desarrollo autóctono, prolongado por miles de años.
      Es innegable que los amerindios del grupo lingüístico chibcha, recibieron influencias tanto del norte como del sur, pero estas se incorporaron dentro de la sociedad local adquiriendo características propias.
      Dichas influencias fueron importantes como agentes de cambio y desarrollo, pero no son los elementos fundamentales en la comprensión de la cultura que nos ocupa.
      Resumiendo podemos afirmar sin temor a graves equivocaciones: La zona en que fueron descubiertas las esferas de piedra, fue habitada desde hace por lo menos 8000 años.
      Cazadores y recolectores Los primeros grupos que ingresaron al Delta y sus alrededores, fueron nómadas (cazadores-recolectores) organizados en pequeños clanes conformados de entre10 a 30 individuos, quienes buscaban sitios adecuados para la caza y recolección de frutos silvestres.
      Los Clanes
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      Para comprender las evoluciones posteriores de estos grupos amerindios, es importante definir el concepto de clan: Palabra de origen gaélico –Celta- que significa descendencia.
      En antropología se utiliza el término para referirse a diversos grupos indígenas. Se entiende por clan a un conjunto de personas capaces de reconocer su descendencia, con respecto a un antepasado común. Los clanes trazan su linaje por el lado de la madre o del padre pero nunca por ambos lados.
      Algunos estudios etnográficos me sugieren la idea de que los “Dikís” trazaron sus descendencias en clanes matrilineales. De esto hablaremos más adelante.
      Los clanes chibchas, aun en la actualidad, se identifican con un tótem o animal común; por un lugar o bien por una actividad específica.
      Anoto algunos ejemplos de clanes bribrís y cabécares:
      Kumbuwak, el clan de jaguar
      Mójkwak: gente del búho
      Sarwak: gente del mono colorado
      Dimatwak: dueños del arroyo rojo
      Suritsuwak: dueños del valle del venado
      Yeriawak: dueños de la caza
      Uniwak: dueños del cántaro de barro
      Mekichawak: dueños de las jícaras
      La pertenencia a un clan implica solidaridad social, es decir, la obligación de prestar ayuda mutua, la participación en ritos y ceremonias, así como unión en la guerra.
      La doctora María Eugenia Bozzoli, en su insuperable libro: “El Nacimiento y la Muerte Entre los Bribrís” publicado por Editorial Universidad de Costa Rica, nos permitirá comprender a fondo la estructura de los clanes y su función dentro de la sociedad amerindia.
      La agricultura
      Luego los clanes empezaron a combinar la caza y recolección con los primeros cultivos. La gran fertilidad de los suelos aluviales del Delta permitió el inicio de una agricultura incipiente. Los primeros intentos se dieron con algunos tubérculos y el maíz, así como el mantenimiento de palmas y árboles frutales. Estas prácticas se originaron en el conocimiento obtenido a partir de la recolección de plantas silvestres.
      El inicio de la producción de alimentos, señala la aparición de un nuevo modo de vida. Del nómada al sedentario.
      El péndulo vivido entre el festín y la hambruna de los cazadores-recolectores se empieza a desvanecer en el recuerdo.
      La agricultura y la posibilidad de almacenar alimentos, propiciarán el desarrollo de los pequeños asentamientos humanos hasta formar ciudades, y que mejor lugar por su ubicación estratégica que el Delta del Diquís.

      El animal urbano Las rutilantes luces de toda civilización actual, emergen de la oscuridad de tan primitivos asentamientos tribales y sus posteriores desarrollos.
      De tal manera, el animal urbano de las principales ciudades, con su vestimenta de moda; automóvil moderno; teléfono celular; súper mercados; casa con electricidad, agua potable y servicio de Internet, etc. no es humanamente distinto a los antiguos pobladores de nuestra edad de piedra.
      Ellos actuaron movidos por las mismas necesidades que nos ocupan hoy día: Pan, abrigo, refugio. Salud, adquisiciones y amor.
      Lo que ha cambiado en los últimos 12.000 años de agrupaciones humanas en América, es el estilo de vida. Cambio por demás espectacular.
      Si el prodigio de una máquina del tiempo nos permitiera traer a nuestra era a un infante de la edad de piedra, veríamos que su desarrollo; físico, mental, intelectual y emocional no será distinto al de cualquiera de nuestros niños civilizados.
      Las primeras aldeas
      La agricultura como actividad principal en las productivas llanuras aluviales del Delta, y la rica pesca proporcionada por el caudaloso río Térraba y el siempre fecundo Sierpe, constituyó el origen del gran cambio, propiciando en primer lugar un aumento de la población. Este obligó al establecimiento de aldeas permanentes.
      Para sostener dichos cambios fueron necesarias las mejoras paralelas de varias tecnologías primitivas, como los utensilios cerámicos; herramientas de madera; hueso y piedra, dirigidas prioritariamente a las labores agrícolas y procesamiento de alimentos.
      La arquitectura
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      El estudio de las trazas de asentamientos humanos en el Delta, evidencian edificaciones de planta circular, estas fueron sin lugar a dudas basamentos para estructuras cónicas, de uso habitacional y ceremonial.
      Se tiene la falsa idea que los “Dikís” no edificaron arquitectura al estilo mesoamericano ni andino, por razón de estar cultural y tecnológicamente subdesarrollados con respecto a aquellos.
      La gran producción de esferas monumentales, su estatuaria, metalurgia, orfebrería y arquitectura, prueban su alto desarrollo tecnológico y social.
      Por otro lado, la edificación en piedra no fue de ninguna manera funcional para los habitantes prehispánicos del Delta.
      La vivienda cónica constituye una sabia respuesta a los determinantes climáticos y condiciones geográficas de las regiones donde se encuentran. Las fuertes y constantes lluvias, humedad, calor bochornoso, vientos azotadores, y sobre todo los constantes temblores. La zona es atravesada por dos importantes fallas tectónicas, la Falla Costanera del Pacifico o Longitudinal y la llamada Falla de Sierpe.
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      Estas condiciones naturales entre otras, fueron parámetros básicos para la forma y la estructura del tipo de viviendas, diseñadas a la justa medida del bosque tropical lluvioso y sus condiciones.
      Los “Dikís” acataron las pautas de la naturaleza para perfilar sus viviendas y templos.
      De la observación del macrocosmos se extrajo el microcosmos habitacional.
      Los espacios habitacionales donde vivieron, no solo fueron humanizados sino que constituyeron el símbolo cotidiano de su cultura.
      Sus prácticas de construcción reflejan las respuestas adaptativas al medio ambiente, y la expresión simbólica de la mitología plasmada en sus viviendas
      Los modelos arquitectónicos de las moradas amerindias de la zona sur del país, se han podido reproducir gracias a la conservación de tradiciones ancestrales, por parte de grupos sobrevivientes a más de cinco siglos de colonización extranjera. Esta valerosa resistencia ha sido encabezada en Costa Rica por los grupos de origen chibcha, Bribrí-Cabecar
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      Los códices del trópico Los sorprendentes códigos de la vivienda indígena van mucho más allá de lo utilitario, y fueron recordatorio cotidiano de su excelsa tradición cultural.
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      Los amerindios de la Zona Intermedia , no desarrollaron escritura alfabética, pero basta con entrar a un “U-suré” (vivienda cónica de basamento circular) de la mano de un chaman Bribrí, en la baja Talamanca, para reconocer en ella toda una biblioteca de conocimientos ancestrales.
      Aquí ” La Biblioteca Circular ” imaginada por Jorge Luís Borges, palidecería al notar que la amplia gama de conocimientos cifrados en cada detalle de la estructura física del aposento, se desdoblan dimensionalmente por debajo de la base circular para formar un mágico cono invertido, donde todo el simbolismo adquirirá otra dimensión, reduplicándose en sus significados.
      Tan sofisticada codificación para quienes no pueden concebir a nuestros aborígenes como seres inteligentes, habrá de atribuírsele a los alquimistas medievales, el hermetismo egipcio, la cábala hebraica, al mismo Merlín, o a los dioses tecnotrónicos del espacio sideral.
      Lo cierto es que dentro de una cultura de visión animista, donde todos los seres de la naturaleza y el universo poseen vida propia, tales concepciones son más que posibles y nuestros amerindios las desarrollaron de manera sorprendente.
      En el interior de estas aparentemente simples estructuras arquitectónicas, denominadas “ranchos”, cada objeto físico: postes, horcones, aros, coronas, amarras, palmas, etc. Sin excluir las tres piedras del fogón central. Toda abertura dentro de la construcción, las distancias entre piso y cúspide, poste y poste, la disposición de espacios masculinos, femeninos y transicionales, amén de un sin numero de elementos más, forman parte de un alucinante código ancestral. Los materiales mismos utilizados en la edificación contienen representaciones culturales que la tradición oral mantiene vivas.
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      La sabiduría encerrada en el interior de la funcional arquitectura aborigen, abarca desde la compleja cosmovisión amerindia hasta las normas de conducta urbana más elementales.
      Sus viviendas tienen un simbolismo uterino y protector, dentro de las cuales se preserva la tradición y la semilla. La casa es el matrimonio universal de lo femenino y lo masculino, de lo celeste y lo subterráneo, lo cultural y lo natural, lo claro y oscuro, el sol y la luna, nacimiento y muerte, afuera y adentro, arriba y abajo. La casa es la conciliación de los opuestos.
      Los “Dikís” poseían una concepción mágico-realista del universo. Sus símbolos se asocian a una serie de ideas cosmogónicas desde donde se integraron armoniosamente las leyes sociales con las naturales, que rigieron tanto en la sociedad como en el entorno ambiental circundante.
      El apasionante tema de la arquitectura amerindia y su simbología, se sale de la jurisdicción de este libro. Para quienes deseen sorprenderse con ellas les recomiendo leer el revelador trabajo del arquitecto Alfredo González Chávez y el antropólogo Fernando González Vásquez, autores de ” La Casa Cósmica de Talamanca” y “Poblados Amerindios de Costa Rica” editados por la Editorial de la Universidad de Costa Rica.
      La tribu
      El conjunto de clanes que comparten costumbres, lengua, cultura y territorio, conforman las tribus.
      La primera organización social de los amerindios del Diquís fue del tipo tribal. Las tribus se caracterizan por relaciones familiares o de parentesco, igualitarias entre los individuos de los diversos clanes, donde la propiedad de los bienes es colectiva.
      El crecimiento de la población junto al de las aldeas dio inicio al paso de una marcada diferencia social, en la cual la sociedad tribal iniciará una transición hacia la de tipo jerárquica o cacical.
      Se dice que el concepto de la esfera nace en ese periodo, mismo en el cual se consolidó el maíz como cultivo principal, desarrollándose además la siembra de otras semillas, tubérculos y árboles.
      Los recursos hidrográficos y costeros fueron explotados, garantizando variedad alimenticia. La cacería fue abundante por siglos, gracias a la gran variedad de fauna dispensada por la espesa jungla tropical que envolvió al Delta.
      La cultura de los “Dikís” crecía sana y bien alimentada. Por el mismo camino iban sus manifestaciones políticas, religiosas y artísticas.
      Reyes, caciques y sacerdotes.
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      La estructura tribal se hizo insuficiente para sostener el progreso, dando espacio a una organización de tipo cacical.
      El excedente generado a partir de prácticas agrícolas permitió a un grupo selecto de individuos, librarse de algunas de sus tareas como productores y asumir principalmente funciones de naturaleza política o religiosa, estableciéndose de forma paulatina una jerarquización de la sociedad, hasta alcanzar cacicazgos complejos (300-800 d.C.)
      De tal manera surgieron de entre las aldeas, líderes político-religiosos, comandados por la presencia de un cacique, jefe o señor quien ostentaba el poder de las comunidades indígenas. Su jerarquía solía ser hereditaria, investida por una nobleza de sangre (los parientes de su clan) La primordial función de este señor principal, fue la de actuar como recaudador de tributos y redistribuidor de bienes. Por regla general, este alto personaje tuvo el rango de rey, sacerdote y guerrero.
      Las esferas de piedra aparecen en el Delta del Diquís, con el inicio de esta sociedad cacical y bajo los auspicios de sacerdotes y reyes.
      Las fronteras del reino
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      Sin embargo, muchas comunidades indígenas del pasado, prefirieron permanecer en su antiguo nivel de tribu, alejándose de los límites territoriales – cada vez más amplios- establecidos por los nuevos centros de poder, quienes abarcaban mayores zonas de cultivo, caza y pesca, así como el control de toda fuente de materia prima para su progreso.
      Los “Dikís” emplazaron grandes esferas de piedra para denunciar sus territorios. La presencia de monumentos esféricos en pequeñas aldeas, alejadas del centro de poder (mega sitio Palmar-Sierpe) pudieron indicar entre otras cosas que las tribus, poseedores de esferas, aunque alejadas geográficamente de la capital, formaban parte del gran cacicazgo y por tanto se hallaban protegidas por él. En este sentido sirvieron como símbolos inconfundibles de identidad.
      Las relaciones de subordinación entre aldeas, fortificaron el poder del rey de los “Dikís” quien gobernó desde el centro de poder, delegando en caciques secundarios la administración de las aldeas subordinadas.
      Los territorios del reino fueron protegidos por letales guerreros, quienes a su vez vigilaron las rutas de intercambio de productos a nivel local, regional y hasta extra regional. Esto garantizó el crecimiento económico, político y religioso del país de las esferas.
      Crecimiento dado por una sociedad trabajadora y bien organizada quien se vio, por siglos, rodeada de seguridad ciudadana, prosperidad material, certidumbre política y confianza en sus guías religiosos, entre otros factores básicos de desarrollo.
      El impresionante legado cultural de este pueblo “Los Dikís” rescatado por la arqueología da prueba de ello.
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      Basado en diversos estudios de estructura de poder entre los amerindios del grupo chibcha en Costa Rica, elaboré el siguiente diagrama de estratificación social.
      VER DIAGRAMA
      En él podemos observar un complejo sistema cultural que va desde el pueblo a la divinidad. Los tonos claros y oscuros de los círculos, representan la participación masculina (oscura) y femenina (clara) en las diversas actividades sociales. Un círculo oscuro indica una actividad eminentemente masculina y viceversa. Las actividades peligrosas o contaminantes fueron reservadas, por norma general a los varones. La mayoría de los grupos chibchas, concibieron la divinidad de forma dual.
      En la etnia Bribrí-Cabecar, por ejemplo Sibö, el gran civilizador reina desde el cenit de los cielos, en tanto Surá, su contraparte, lo hace desde el nadir, en el interior de la tierra. Cuando el indio muere su espíritu viajará hasta el centro de la esfera terrestre, pues allí ubican su paraíso.
      El gran cacique esta representado por un triangulo, simbolizando su triple potestad de sacerdote, rey y guerrero. El semicírculo que corona al triangulo, señala su procedencia divina y su facultad de mediar entre Dios y los hombres.
      La columna central del diagrama, representa a toda la fuerza laboral de la nación. A la derecha las potencias religiosas o chamánicas, a la izquierda las políticas o cacicales.
      Es imposible meter dentro de un dibujito, toda una compleja organización social, mas el ejemplo puede servirnos para tener una idea gráfica del asunto.
      MatriarcadoDesde remotas etapas en la evolución humana, los hombres y las mujeres establecieron relaciones equilibrantes para lograr la sobre-vivencia de nuestra especie. De tal manera los varones abandonaban por largas jornadas las aldeas en busca de sus presas animales. Por su lado, ellas permanecían cerca de los asentamientos tribales, recolectando alimentos vegetales y vigilando el crecimiento de los infantes.
      Su necesaria permanencia en las improvisadas aldeas las convirtió en el corazón de la vida social.
      En tanto los hombres desarrollaban el músculo y las cualidades atléticas necesarias para cumplir con su peligroso trabajo y regresar ilesos a los hogares. Ellas se convirtieron en expertas organizadoras sociales. Gestionando de manera eficiente todos los asuntos de control y administración del asentamiento tribal, así como los detalles de la vida comunitaria.
      Image7098.jpgEl primitivo y natural gobierno femenino no pareció molestar a los varones, hasta que el advenimiento y desarrollo de la agricultura –descubierta por las mujeres- y la posterior domesticación de animales los obligó a convivir más tiempo juntos.
      Empezaron aquí las primeras batallas de una interminable guerra de sexos que nos ocupa hasta nuestros días.
      Allí donde los hombres consiguieron usurpar el primigenio gobierno femenino, se impuso el sistema político patriarcal.
      Allá donde las mujeres lograron sostener su ancestral control, dominó el sistema matriarcal o ginecocrático.
      El estudio de los grupos de raíz chibcha, asentados por milenios en la zona sur de Costa Rica, ha demostrado la predilección de estos pueblos por el sistema de gobierno matriarcal.
      Me atrevo a deducir: Los “Dikís” vivieron y se desarrollaron bajo un eficiente matriarcado. Con sus consecuentes residencias matrilocales, esto es: la pareja se asentará en los territorios del clan materno. Las descendencias serán naturalmente matrilineales, en las cuales el linaje se organiza siguiendo sólo la línea femenina y todos los hijos pertenecen al clan de la madre.
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      Cuando escribo estas líneas no puedo evitar el reverbero en mi memoria de las palabras de la abuela materna quien más de una vez sentenció: “Los retoños de mis hijas, mis nietos son, sin más. La progenie de mis hijos varones, por intermedio de la gracia de la fe… también son mis nietos”
      Hemos heredado de nuestros conquistadores un disfuncional y arbitrario patriarcado, pero esto no ha sido obstáculo para que desde el eje de la sociedad (la familia) nos continúen gobernando las mujeres.
      Las inusuales esculturas esféricas de los “Dikís” evocan en nuestro inconciente colectivo el arquetipo de la redonda preñez de las hembras, sus parabólicas y sensuales curvas, la siempre femenina luna, la innegable maternidad de la esfera terrestre y el fecundo glóbulo del gameto materno.
      No podemos aseverar, de ninguna manera, que estas fueron las motivaciones inspirantes de los artífices de las esferas, pero apuesto que la concepción esférica nació en el seno de una eficaz sociedad matriarcal.
      Por otro lado, cimentados en la evidencia arqueológica, se puede afirmar: Las esferas de piedra fueron construidas por una nación amerindia, instalada desde tiempos inmemoriales en el Delta del Diquís y sus regiones aledañas, donde desarrollaron su enigmática cultura.
      ¿Cómo fueron hechas?Para desengaño de los vendedores de “Misterios irresolubles” la manufactura en piedra de esferas monumentales, no alberga indescifrables secretos, ni fue una obra imposible de realizar por parte de los aborígenes amerindios .
      Si bien el análisis de cualquier objeto artificial, no siempre nos puede develar su razón de ser o significado profundo, la configuración de la cosa misma nos orientará hacia las muchas maneras, humanamente posibles, de su fabricación.
      Las esferas de piedra del Diquís no constituyen excepción alguna a esta posibilidad.
      Cuando se trata de objetos arcaicos complejos, (esferas monumentales, por ejemplo) tendemos a atribuir la obra a dioses o demonios. Esto por la simple costumbre moderna de considerar a las gentes prehispánicas (si de asuntos americanos se trata) como a infantes de subdesarrollada capacidad cerebral.
      Las letras siguientes pretenden mermar esa costumbre.
      Vendedores de enigmas Antes de abordar el tema, no puedo resistir la tentación de hacer el siguiente comentario:
      Los vendedores de enigmas no se caracterizan por develarlos, eso seria como matar a la gallina de los huevos de oro. Ellos no responden preguntas. En cambio son versados en formular interrogantes pomposos, basados en premisas por lo general falsas, o recurren al artilugio amarillista de exagerar datos. Veamos un ejemplo:
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      Incompetencia científica
      “¿De que manera pudieron lograr unos primitivos de la edad de piedra, sin la concepción matemática del número pi, sin la actual tecnología láser, sin maquinaria de movilización, etc. esferas gigantes de absoluta perfección?
      La antropología oficialista insiste en atribuir a burdas gentes prehistóricas, la inmaculada obra de los dioses.
      Pero si los salvajes precolombinos hicieron las esferas ¿Por qué no existe indicio alguno de las primitivas herramientas que utilizaron? ¿Quien ha visto una esfera a medio hacer?
      ¡No hay canteras de piedra a cientos de kilómetros de donde aparecieron las esferas! ¿Cómo se explica el traslado de miles de toneladas hasta los sitios de hallazgo?
      La precisión en los alineamientos de las esferas indicando rutas marítimas y mapas estelares ¿fue dispuesta por bárbaros que ni siquiera desarrollaron la escritura?
      Es un hecho comprobado ¡Los aborígenes de Costa Rica no conocieron el hierro, ni la rueda y jamás poseyeron animales de tiro! Pero la arrogancia científica no quiere reconocer su rotundo fracaso en el gran misterio que rodea a las esferas de piedra…”
      Postulados de este calibre abundan en la Internet , las revistas esotéricas, la prensa, algunos libros y programas televisivos.
      Los cazadores de misterios jamás llevarán sus cámaras a “Olla Cero”. Pequeña población agrícola, situada en el mismo Delta del Diquís a pocos kilómetros de Palmar Sur, en las faltas de la Fila Grisera , rica en yacimientos graníticos.
      Allí pueden ver, entrevistar, fotografiar y filmar a un humilde artesano que reproduce esferas con los mismos materiales de las hechas hace dos mil años, sin usar herramientas de hierro (sus cinceles son de piedra), sin sofisticados cálculos matemáticos, sin tecnología láser y por supuesto sin auxilio extra planetario.
      Hombres y mujeres del pasado
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      La evolución fisiológica del cerebro humano no ha experimentado ningún avance significativo en los últimos doce mil años (cuando menos). Siendo así, entre los “burdos primitivos” de la edad de piedra y nosotros, la humanidad electrónica del siglo XXI, las diferencias son meramente culturales.
      La inteligencia de los hombres y mujeres que poblaron antaño el Delta del Diquís y toda América, no fue mayor ni menor a la nuestra.
      Por tanto abordaremos la medular pregunta ¿Cómo fueron hechas las esferas pétreas de Costa Rica? apelando al sentido común, (aunque no sea este el más común de los sentidos) la lógica elemental, la experiencia humana en el ramo de la cantería y escultura, agregando unas gotas de imaginación para visualizar el proceso.
      Pero ante todo, estudiaremos el asunto, con respeto y admiración por las culturas que nos han antecedido en la historia.
      Bolas naturales
      Antes de otorgar a tribus antiguas la creación de las esferas, fue necesario demostrar de manera irrefutable su artificialidad. Pues al principio se creyó eran caprichosos productos de la naturaleza.
      Esta sospecha se fundamentó en el conocimiento previo de inmensas bolas pétreas de formación natural, registradas en diversas partes del mundo. Polonia, Nueva Zelanda, Portugal, México, Eslovaquia, Australia, Túnez, Escocia, para mencionar algunos.
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      Esferas artificiales
      Los primeros científicos involucrados en el análisis geológico de las piedras redondas de Costa Rica, estuvieron de acuerdo al formular su postulado general:
      “Los monolitos esféricos del Diquís no son formaciones naturales. Fueron esculpidos por manos humanas”
      La observación de tres factores fundamentales fue concluyente para confirmar la intencionalidad humana de semejantes formaciones:
      1) El tipo de material de los monolitos no se ha encontrado en la naturaleza conformando esferas.
      2) Se observaron huellas de cincelado intencional en las muestras.
      3) Se encontraron evidencias de diferentes grados de picado y pulido manual en las muestras analizadas.
      Sin embargo aun no se descarta la sensata posibilidad de que la naturaleza haya creado las preformas (bolas irregulares de piedra) siendo estas acabadas por los aborígenes de la zona.
      Esto debido a la propiedad natural que posee el granito de ser exfoliado por la acción natural y milenaria de los agentes atmosféricos. No se han encontrado preformas naturales de granito, pero la probabilidad de su eventual formación deja abierta la tesis.
      ¿De qué están hechas?La materia prima
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      Las esferas fueron fabricadas en tres tipos de piedra:
      a) grano-dioritas: nombre dado a varias rocas ígneas relacionadas entre sí, en general de color gris o gris oscuro. Las rocas son cristalinas, tienen grano grueso y se componen en su mayor parte de sílice y alúmina, con algunos óxidos de hierro, cal y magnesio.
      b) gabros: nombre general de un gran grupo de rocas ígneas granulares. Son los equivalentes intrusivos del basalto, y están compuestas por feldespatos. Las rocas son pesadas y a menudo verdosas.
      c) calizas: son rocas compuestas por materiales conformados por la acumulación y consolidación de materia mineral pulverizada, depositada por la acción del agua y, en menor medida, del viento o del hielo glaciar. Pertenecen junto a las areniscas al tipo común de rocas sedimentarias.
      Los yacimientos
      Los principales yacimientos de los dos primeros materiales, se encuentran en las faldas de la cordillera de Talamanca a muchos kilómetros de los sitios arqueológicos que muestran esferas. Sin embargo los investigadores no descartaron la posibilidad de encontrar afloramientos más cercanos.
      Así lo hicieron. Recientes exploraciones han dado con vetas importantes de estos tipos de roca, localizados en las filas montañosas que rodean el Delta, especialmente en la Cordillera Costeña.
      Los gabros y grano-dioritas son rocas muy pesadas del grupo ígneo granular (graníticas) y mucho más duras que las calizas, areniscas y el mármol. Su extracción es por tanto, mucho más difícil.
      Este tipo de rocas cristaliza a partir del magma enfriado de forma muy lenta, a grandes profundidades bajo la corteza terrestre. Según las condiciones bajo las cuales el magma enfríe, las rocas que resulten pueden tener grano grueso o fino.
      La grano-diorita y los gabros fueron los materiales más usados por los prehispánicos escultores de esferas, siendo rara la aparición de las llamadas esferas blancas de piedra caliza, pese a que los yacimientos de este material son los más cercanos y abundantes en el Delta.
      La producción de esferas se basó en el uso de piedras duras y resistentes como lo son estas variaciones del granito. La clara intención de nuestros escultores indígenas, fue la de crear monumentos de alta resistencia y duración.
      Evidentemente desde el principio, los artesanos Dikís estuvieron claros en los resultados por obtener.
      Una larga tradición
      Su manufactura se dio en un ininterrumpido periodo que abarca más de un milenio. No aparecieron de la noche a la mañana ni fueron una especie de moda fugaz.
      Por más de mil años los escultores del Delta y sus alrededores, labraron esferas. En el transcurso de ese milenio se gestaron grandes transformaciones políticas, religiosas, tecnológicas y culturales en la región. Las aldeas crecieron junto a la agricultura. La cerámica innovó formas y matices. La arquitectura de las viviendas experimentó notorios cambios. La metalurgia llegó para deslumbrar a todos con preciosas joyas de oro y cobre. El desarrollo de la navegación trajo consigo las riquezas del comercio. Toda herramienta de trabajo evolucionó. Y en medio de la espiral dinámica de la vida, la creación de esferas se mantuvo intacta.
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      Quiero recalcar la idea de una sociedad prehispánica, los “Dikís” que desarrolló y mejoró, (conforme a las tecnologías surgentes en las diversas épocas de su evolución) la instrumentación adecuada para transmutar amorfas moles de granito en monumentos esféricos de gran belleza, pulimento y perfección. Para lo cual requirieron de conocimientos empíricos de matemática y geometría aparte de los principios de mecánica básica para movilizar masas voluminosas y pesadas.
      La destreza para lograr la redondez de sus esculturas, requirió de una comprensión detallada del patrón de fractura en las rocas elegidas (esto es su conducta ante el mazo y el cincel) y de técnicas comunes a otros objetos escultóricos como lo son las de picado y pulido.
      Es improbable que tal discernimiento fuera adquirido, de la noche a la mañana, por la iluminación mística algún poderoso chaman. También es difícil imaginar a los artesanos indígenas produciendo esferas casi perfectas valiéndose de cálculos mentales y a simple vista.
      Más bien tal destreza parece ser el resultado de una larga tradición escultórica, en la cual se fueron acumulando y transmitiendo por lega-monismo (de boca a oído) de una descendencia a otra, las técnicas y dominios necesarios para realizar la obra.
      La tradición escultórica de los “Dikís” y sus ancestros fue amplia.
      Crear esferas fue sin lugar a dudas el trabajo manual de artesanos altamente especializados, quienes poseían una sabiduría antigua, acumulada por generaciones en el trabajo de la piedra.
      Antes de hacer esferas dominaban ya las pericias del cincel. Basta con observar la estatuaria de la región para comprender esto. Los metates, por ejemplo, requirieron de mayor destreza y precisión que las mismas esferas, las inmensas lapidas fúnebres son verdaderas obras de arte, las esculturas zoomorfas y antropomorfas, sencillamente exquisitas.
      Por tanto, los hacedores de esferas, ya habían ensayado con la densidad de diversas rocas y sus relaciones entre peso y volumen. Conocían la dureza, estructura y textura de los materiales y la aptitud de estos para dejarse dividir, devastar, labrar y pulimentar.
      Observaron por cientos de años la mayor o menor resistencia que presentan las diversas rocas al deterioro por la acción del tiempo y los factores atmosféricos. En suma, conocían su oficio.
      De tal manera estos artesanos supieron seleccionar con gran cuidado la materia prima óptima para sus diversos propósitos.
      Cientos de monumentales esferas sobrevivientes hasta nuestros días, evidencian la preferencia ancestral de aquellos escultores por las rocas de granito a las sedimentarias. Además demuestran que esta producción especializada no fue escasa, sino más bien abundante, por tanto de gran demanda.
      El granito es compacto, pesado, duro, difícil de labrar, pero muy duradero y se deja pulir fácilmente. Cuando este material es alisado y pulido se asegura su conservación, pues entre menos irregularidades presente una roca granulosa, es mayor su resistencia al medio ambiente.
      Las calizas son más fáciles de trabajar, poco duras pero menos resistentes, además no permiten pulido, si se da afinamiento a la superficie la erosión destruirá en muy corto plazo todo el trabajo
      Por tanto el componente categórico para la elección de la materia prima de las esferas, no fue de ninguna manera la facilidad de éste al ser esculpido, sino más bien la duración a largo plazo y la virtud de las piedras escogidas para permitir delicados tratamientos de superficie.
      ¿De qué manera las hicieron?
      Echando mano –como lo he venido haciendo- de las investigaciones aportadas por Ifigenia Quintanilla, y de algunos otros datos extraídos de distintas ramas de la ciencia: geología, antropología, arqueología, psicología y por supuesto los aportes históricos del arte de la escultura y cantería, describiremos una verosímil manera de cómo pudo fabricarse, en tiempos prehispánicos, una granítica y monumental esfera.
      El núcleo de la esfera
      Localizada la cantera se enviaron cuadrillas de trabajadores para limpiar el terreno con azadas. Libres de estorbos los especialistas aborígenes, armados con instrumental primitivo pero eficaz, escogieron su bloque o núcleo de la esfera, golpeando en la cantera con pesadas masas para verificar la calidad de la materia prima a obtener. Esta debió de estar libre de fracturas e intrusiones que dañaran la integridad del producto terminado.
      Luego de haber sido seccionado el bloque, en medio de una algarabía de gritos de alerta, ordenes categóricas, uno que otro chiste soltado por allí y sus consecuentes risotadas. Los trabajadores movilizaron la materia prima haciendo uso de crujientes palancas y pesados troncos de rodaje, que en su acción desperdigan la corteza, esponjándose algunos en el camino.
      Poleas dispuestas en asideros próximos multiplicaron la fuerza de los nervudos brazos, que tiraban con decisión de las chillonas cuerdas vegetales. Estas no siempre resistieron, dejando tras su ruptura a más de una viuda y sus consecuentes huérfanos.
      Los menos fuertes pero dotados de mayor agilidad se lanzaban hacia las cuñas de soporte para cambiarlas constantemente de lugar, hasta colocar el pesado granito en el taller, previamente construido en la misma cantera o muy cerca de ella. Dispuesto en un lugar lo suficientemente plano para movilizar, con relativa holgura, el bloque obtenido para el trabajo.
      El taller de la preforma
      La infraestructura básica para manipular el bloque, requirió de un área techada.
      Recordemos que la región del Diquís es una de las más lluviosas del país con precipitaciones anuales que oscilan entre los 3500 a 5000 milímetros . Allí cae agua durante casi nueve meses al año. Agreguemos temperaturas de más o menos 30 grados centígrados y la techada se nos hace indispensable. Además desde cualquier enfoque, elaborar una escultura monumental no es un proyecto a corto plazo.
      Si bien aquellos indígenas no inventaron los centros comerciales tipo “mall” tampoco fueron tan estúpidos como para dejarse matar por las inclemencias del tiempo antes de terminar su obra.
      Por tanto el taller propuesto esta enclavado en un área amplia, fresca, ventilada, con buena iluminación y parcialmente techada con hojas de suita, para proteger a los trabajadores del fuerte sol y la abundante lluvia.
      Afuera el canto de las aves, el aullar de los congos y algún gruñido de jaguar en celo, es opacado por el claro murmullo de las aguas de un río próximo y el canto monótono de los chamanes.
      Dentro del taller podemos ver montones de leña junto a las fragua, rollos de cuerda, cañerías de bambú, andamios, palancas, escaleras, tarimas, masas, martillos, percutores, picas, plantillas de madera, cordeles, guías y demás herramientas primitivas para dar forma a la esfera en sus primeras etapas.
      Al la sombra de un árbol cercano, el curandero sana las heridas de un trabajador cuya pierna fue aplastada cuando se instaló el bloque.
      Por aquí y allá hojas de platanillo revoloteadas por moscas, exhiben la brillantez otorgada por los restos del almuerzo, engullido minutos antes en tan ecológicos platos desechables.
      Vigiladas por el capataz de la obra se distinguen las frescas tinajas que resguardan la energética chicha…
      En un ambiente más o menos así se procedió a labrar la preforma, eliminando primero las irregularidades del bloque.
      Exfoliación del granito
      Una propuesta interesante, basada en el hallazgo de “hojuelas de esfera” es la del uso alternante de fuego y agua en la elaboración de la preforma.
      Calentando y luego enfriando bruscamente la piedra se pueden provocar desprendimientos de capas en forma convexa.
      Repitiendo este procedimiento se desgajan mantos delgados de roca (como las capas de una cebolla) hasta lograr un canto rodado de forma cercana a la culminación esférica.
      El procedimiento mencionado se produce gracias a la foliación o equistocidad, cualidad de algunas rocas metamórficas (entre ellas los gabros y grano-dioritas), dada por la disposición de sus materiales en planos paralelos. Esta disposición o foliación es el resultado de la reorientación de los minerales que se colocan en perpendicular a la dirección de la presión.
      (Debemos aclarar que la técnica de exfoliación no se pudo aplicar a las esferas de material calizo.)
      En palabras más simples: si el granito presenta foliación, (capas) entonces puede ser exfoliado (escamado) para lo cual se calienta una zona del bloque recién cortado de la cantera. Ya candente la sección de piedra es enfriada con brusquedad utilizando grandes cantidades de agua fría. Después el golpe preciso del mazo para desprender la escama u hojuela de piedra, y luego repetir el proceso cientos de veces hasta que a fuerza de quitar, el bloque transmute a una forma de contundencia mas o menos redonda y así… ¡La preforma ha sido creada!
      La preforma
      Hemos llegado al mejor momento para trasladar la masa granítica redondeada, pues al bloque o núcleo de la esfera, se le ha despojado a estas alturas del proceso laboral, de una gran parte de material excedente. ¡Muchísimos kilos de peso muerto ha quedado en el camino!
      Por otra parte, acabar la obra (esto es esferisar por completo la preforma para luego alisarla y darle pulimento hasta el preciosismo) en el taller de la cantera, alejado por decenas de kilómetros de la aldea donde se expondrá, sería arriesgar la integridad del producto final a inevitables perjuicios, los cuales habrá de sufrir, en el largo y abrupto viaje hasta el punto de entrega. La tosca preforma en cambio, será capaz de soportar con estoicismo tales injurias.
      La proeza descomunal de la mencionada transferencia nos ocupará una reflexión aparte.
      Pero adelantaremos que a partir del logro de la preforma se realizarán muchos procesos más: esferizado, alisado, pulido, aplicación (en algunos casos) de alto y bajo relieve, pintura, etc., los cuales dependerán de la disponibilidad de recursos, tiempo y fuerza de trabajo.
      Talleres de acabado
      La esfera básica
      Para la realización de las antes mencionadas etapas se contó con talleres de acabado final, ubicados cerca de los lugares de entrega.
      Allí la imperfecta preforma alcanzará su óptima esfericidad matemática. Proceso en el cual entran a escena los artesanos expertos. Armados con guías precisas y escoplos certeros.
      Serán ellos los responsables de la culminación de un producto denominado “esfera básica” cuya rotunda geometría deberá extremarse. Mas no corresponderá a estos primitivos geometras, ulteriores tratamientos de superficie.
      La periferia de la recién terminada “esfera básica”, exhibe ahora su rigurosa perfección simétrica, dicha perfección parece haber sido el imperativo categórico de los artesanos “Dikís”. Sin embargo se nota en ella las decisivas huellas del puntual pero pesado cincel. Su textura es áspera, por tanto irregular. Esto no impidió considerarla a partir de este instante como lo que es, un monumento realizado.
      Tratamientos de superficie
      La esfera fina
      La decisión de cuanta fuerza laboral se invertiría adicionalmente en la esfera básica, fue tomada con seguridad por los líderes sociales de los “Dikís”: Reyes, caciques y altos sacerdotes, conforme a los propósitos específicos destinados para la esfera. El hallazgo de estos monumentos, en diferentes ambientes sociales y con distintos acabados de superficie, nos indica que su utilización fue diversa.
      De tal manera, el acabado final de los monumentos se dio en relación con la importancia dada a los eventos, posiciones y lugares donde se exhibieron las esferas.
      Entre más finamente acabada estuviera la esfera, mayor valor confería al lugar de su emplazamiento.
      Uno de los grandes problemas enfrentado por el proyecto del Parque Temático de las Esferas, es que si bien Lothrop y Stone, dejaron planos del alineamiento y tamaño de las esferas, no registraron el material de las mismas, esto es no especificaron cuales eran de grano-diorita, gabro o arenisca, tampoco nos indican sus grados de pulimento.
      Tratar la superficie de la esfera fue uno de los pasos más delicados. Requirió de escultores diestros en el picado fino y una considerable inversión de tiempo y trabajo (quizás esta fue una de las etapas mas lentas del sumario total).
      El tratamiento de superficie consiste en una faena continua y estrecha de picar delicadamente sobre la superficie áspera de la esfera básica, con el propósito de eliminar las huellas groseras dejadas por las potentes cinceladas de la etapa anterior.
      Alisado y pulido
      La esfera preciosa
      Dependiendo de las exigencias, reales o sacerdotales, se procederá o no con las etapas subsiguientes.
      Alisar y dar pulimento a una esfera de granito requiere de una intensiva faena de abrasión, labor por demás lenta y trabajosa.
      Para aminorar la aspereza se eliminarán las huellas del picado, alisando parcialmente la superficie.
      Si la pretensión es una superficie suave y regular, sin huellas notorias de percusión, se procederá entonces a un alisado total.
      A partir de la obtención de una superficie lisa y no antes se pueden iniciar los trabajos de pulido, hasta alcanzar la extensión global, resultando de ello una textura muy fina al tacto y reluciente a la mirada, donde las huellas del cincel y la percusión fina desaparecen totalmente. Las materias primas requeridas, para lograr estos finales procesos, son los abrasivos como la arena y la roca triturada. Instrumentos de desbaste fino, piedras pulidoras, cueros, etc. estuvieron necesariamente involucrados en estas labores.
      Alisar y pulir no fue un trabajo de especialistas, pues su realización no requiere de conocimiento experto alguno.
      Posiblemente esta interminable labor fue realizada por los hombres, mujeres, ancianos y niños de las aldeas mismas donde fue entregada la esfera. Quizá, pulir la esfera, fue parte de cotidianas ceremonias aborígenes, en las cuales participó la comunidad entera.
      Desde la obtención del “núcleo de la esfera” (el bloque) pasando al desarrollo de la “preforma”, de allí a la obtención geométrica de “la esfera básica” para convertirla luego de una tupida percusión escultórica en “la esfera fina”, y después de interminables horas de lijar y bruñir, se llegó a la culminación de una de las obras más perfectas legadas por nuestros antepasados: “la esfera preciosa”
      No cabe duda. Aquello fue una gigantesca empresa, digna de una raza de titanes, pero no imposible para nuestros aborígenes.
      ¿Acaso la humanidad, de cualquier tiempo o latitud, ha renunciado alguna vez a sus locas empresas, por más absurdas, difíciles o utópicas que estas parezcan ser?
      ¿Cómo las transportaron?El enorme tamaño y peso de las esferas monumentales, las grandes distancias entre de los yacimientos de granito y las poblaciones donde finalmente fueron expuestas y halladas siglos después.
      La abrupta topografía de la región, (cumbres, valles, barrancos, ríos, canales, pantanos, etc.) Un clima de altas temperaturas y aguaceros constantes, sumado al tupido boscaje primario que reinó en la era prehispánica, nos dejan perplejos ante la descomunal labor efectuada por los amerindios “Dikís”, al trasladar pesadas esferas de piedra desde los talleres, emplazados cerca o en las mismas canteras, hasta los centros ceremoniales y de poder, o bien colocarlas en sus limites territoriales, cementerios y lugares conmemorativos.
      Es evidente: semejante labor sólo pudo haber sido realizada por una cultura poseedora de una muy alta organización socio-política.
      Un linaje que a fuerza de sobrevivir en el Delta del Diquís por miles de años, conoció a perfección su topografía y clima.
      Un grupo humano que evolucionó en el lujuriante trópico de la baja Centro América, en el seno del cual forjó su arquitectura, política, filosofía, arte, religión y magia.
      Los “Dikís” supieron instituir a una cuantiosa fuerza de trabajo, la cual se avocó tanto en el traslado como en los preparativos del terreno para transportar esferas monumentales.
      Proyectaron sus rutas de traslado, abriendo caminos entre la densa foresta para empedrarlos luego y así soportaran el flujo del tonelaje trasferido por los senderos.
      En muchos casos se debieron ladear peñascos, cruzar ríos o pantanos, vencer la densa vegetación y a los grandes árboles. Aun así fueron trasladadas las pesadas bolas a través de grandes distancias.
      Los cilíndricos troncos de los árboles sacrificados, les sirvieron para movilizarlas donde la topografía lo permitió.
      El antropólogo John Hoopes nos dice que la forma esférica nació en el Diquís, por la necesidad de mover grandes pesos, luego las esferas monumentales fueron trasladadas a lomo de las más pequeñas.
      Los expertos concuerdan en que las inmensas bolas fueron movilizadas en la etapa de preformas, esto es la masa granítica redondeada, dicho proceso como explicamos en el capitulo anterior, se realizó cerca o en las canteras mismas.
      Movilizar la masa de granito redondeada, y no la esfera terminada, permitió operaciones más o menos bruscas a condición de no dañar severamente la preforma.
      El Delta del Diquís se caracteriza por un sistema de canales, producto de la confluencia de los ríos Sierpe y Térraba. Esto lo convierte en una zona especial para la navegación. Además estos canales están sometidos a inundaciones periódicas que aumentan su cauce y profundidad. Sin duda los hacedores de esferas conocieron con precisión matemática el ritmo de sus ríos, canales y mareas.
      Los “Dikís” transportaron esferas monumentales a la isla Violines y hasta la isla del Caño a unos 17 kilómetros de la costa, superando el embravecido oleaje y la boca de los ríos, para adentrase en alta mar con varias toneladas de peso sobre sus embarcaciones, mismas que forzosamente debieron estar muy bien diseñadas.
      Si esto no los convierte en expertos navegantes, no se que lo hará.
      De tal manera el principal medio para acarrear las pesadas esferas fue utilizando las rutas fluviales y marítimas.
      Pero cualesquiera hubiesen sido los mecanismos de transporte utilizados por nuestros aborígenes, la presencia antigua de inmensas esferas intactas en el corazón del Delta del Diquís, alejado de los yacimientos graníticos, constata que los operativos de movilización fueron realizados con gran eficiencia.
      ¿Qué edad tienen las esferas?Las esferas de piedra por si mismas no pueden ser datadas. No existe ninguna técnica capaz para determinar de manera incuestionable, la fecha en la cual fueron labradas.
      Su edad se estima por el método geológico de la estratigrafía y según los objetos arqueológicos asociados a las zonas donde estas han sido encontradas.
      Es posible fechar su contexto, pero las esferas quedan exentas de ello.
      Las pruebas del carbono 14, potasio argón, ni de otros tipos de análisis radioactivos, son poco fiables para este efecto, pues podrían darnos la edad de las rocas, pero no el tiempo en que estas fueron esculpidas.
      Los monolitos esféricos se han hallado junto a material cerámico, con características que permiten a los arqueólogos fechar los sitios entre 200 y 800 d.C. Y de aquí hasta un par de siglos antes del contacto español.
      Su creación coincide con el surgimiento y desarrollo de una sociedad cacical altamente organizada. Es lógico pensar que la confección de esferas empezó en el momento idóneo, cuando la cultura de los “Dikís” se encontraba preparada para culminar, sin borrones ni tachaduras, una de las empresas más sorprendentes de la América prehispánica.
      Sin Testigos Una de las investigaciones más aburridas y menos fructíferas, emprendidas para la elaboración de este libro, fue la de buscar documentos antiguos donde estuviesen registradas las incursiones españolas en la zona del Diquís.
      Mi vana esperanza fue la de encontrar alguna extraordinaria descripción, que mostrara la sorpresa de los conquistadores españoles al ver de frente tan impresionantes monumentos redondos, y de paso borrar el nombre de George P. Chittenden a quien la historia le atribuye ser la primera persona en ver estos monolitos (1939), después de permanecer ocultos por siglos en las entrañas de la densa selva tropical.
      Pero ningún conquistador español fue testigo de la fabricación de esferas, de otra manera hubiese quedado registro en sus crónicas. La orden real los exigía a reconocer todo, a saquear todo, a exterminar todo etc. sin olvidar el debido registro de los sucesos.
      Sin embargo no encontramos referencias de las esferas del Diquís en sus memorias. ¡Ni siquiera fueron vistas!
      Juan Vásquez de Coronado estuvo en el área de Diquís en 1563. En una extensa carta enviada al rey Felipe, con fecha del 2 de julio del mismo año, describe la zona, los habitantes, las cantidades de oro colectadas y otras posibles de adquirir. Narra batallas y alianzas, la forma de vida de los aborígenes Coctos en la península de Osa, de los Turucacas del Diquís y de los Quepos más al norte. Ni una palabra referente a esferas de piedra ni a nada parecido.
      Si Vásquez de Coronado las vio, y se hizo el desentendido. -No fuera ser que el rey o su séquito eclesiástico le ordenaran investigar tan notable asunto, privándolo de ulteriores botines de conquista- jamás lo sabremos. Lo que sí sabemos es que los Quepos, Coctos ni los Turucacas fueron hacedores de esferas.
      Estos grupos amerindios, muy posteriores a los “Dikís” jamás intentaron siquiera duplicar los mencionados monolitos esféricos. Aparentemente el método de fabricarlas se perdió con la cultura que las hizo.
      Guayabo de Turrialba, uno de los más importantes sitios arqueológicos del país fue abandonado por sus pobladores 100 años antes de la llegada de los españoles. Su nombre también se esfumó con ellos. Parece ser que nuestros enigmáticos “Dikís” desaparecieron mucho antes de esa datación.
      Si tomamos en cuenta la gran cantidad de años transcurridos entre la fabricación de las primeras esferas y el contacto español, sumando el hecho de que ninguna cultura prehispánica costarricense desarrolló escritura alfabética alguna, (nuestros petroglifos aun no han sido descifrados) y agregando encima la pérdida rotunda de cualquier tradición oral de nuestros actuales aborígenes con respecto a las esferas, pues ningún grupo cercano al Delta del Diquís: Bribrís, Cabécares, Térrabas, Guaymíes y principalmente Borucas, (los más cercanos a la región) conservan una sola leyenda que haga mención directa a las esferas de piedra. -Sobra mencionar que ninguno de estos grupos étnicos fabricó esferas de piedra- Tendremos con ello mas de una razón de peso para justificar la causa por la cual el nombre propio de los artífices de las esferas se diluyó hasta desaparecer por completo de la memoria de los pueblos.
      Esto nos hace deducir que los “Dikís” son más antiguos de lo querido y su desaparición se dio varios siglos antes del arribo español.
      Cronología de las incursiones españolas a la zona del Diquís El primer registro data de 1516. Hernán Ponce y Bartolomé Hurtado partieron de la península de Asuero en Panamá hasta las costas del Delta.
      Existen escasos registros de ese osado viaje. La causa de esto es simple. Pocos sobrevivieron.
      El registro describe de manera escueta a la tribu de los Chiuchires que habitaron las costas de Golfo Dulce en la Península de Osa, pero se presta mucha atención a los ornamentos de oro exhibidos por los salvajes
      En 1520 Gaspar de Espinoza y Francisco Pizarro, atraídos por el oro del Diquís, navegan en su búsqueda, sin embargo (según los registros) logran llegar hasta punta Burica, en la actual frontera con Panamá
      En 1522 Gil González Dávila junto a su piloto Andrés Niño, navegó desde el Golfo de Chiriquí hasta el mismo Delta del Diquís. Con un grupo de exploradores, Gil González marchó por tierra hasta la zona conocida hoy con el nombre de Palmar, no sin antes tomar por asalto la villa del cacique Coto ubicada en las cercanías del río que hoy lleva su nombre.
      En 1563 Juan Vásquez de Coronado saqueó poblados indígenas en la misma zona, varios documentos describen con detalle su expedición de los cuales hice mención al principio del presente artículo. En dichos documentos la región del Diquís es nombrada como provincia de Turucaca.
      Cuarenta y siete años de incursiones y saqueos. Ninguna expedición registra un solo encuentro con esferas.
      La única turbia referencia española que logré encontrar, fue en los anales sur-americanos de 1560. En ella el colonizador del Perú, dicta al escriba sus crónicas: “Escuché que los altos señores de este imperio se reúnen cada cuatro años en el país de las bolas donde al parecer reciben concejos de grandes sabios”
      Algunos creen que el “País de las Bolas” hace referencia al mismo Delta del Diquís y los megalitos esféricos sirvieron (entre otras cosas) para dar identidad a esta región.
      Es sorprende. Desde la llegada de los conquistadores en 1502 hasta la devastación de la selva en las llanuras aluviales del Diquís, por parte de la compañía bananera en1939, las esferas de piedra permanecieron ocultas al ojo del hombre blanco por cuatrocientos treinta y siete años.

      ¿Qué representan?
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      De todas las preguntas que giran en torno a las asombrosas esferas de piedra, la interrogante: ¿Por qué fueron hechas? es la más nebulosa.
      Las exploraciones concretadas hasta la fecha, nos permiten avizorar algunas ancestrales maneras en el uso de las esferas monumentales. Sin embargo la comprensión de su primigenio significado, sólo será posible en la medida en que avancen las investigaciones.
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      En el transcurso de las páginas anteriores hemos conocido: cuándo, cómo y las circunstancias bajo las cuales fueron descubiertas las esferas. Sabemos dónde están, qué tamaños y pesos tienen y las principales cualidades que las hacen tan especiales.
      Tenemos una idea del periodo en el tiempo de su realización.
      Nos acercamos a la manera y técnicas de su manufactura y transporte.
      Hemos generalizado conceptos acerca de la cultura amerindia responsable de su creación, etc. Pero para comprender la trascendencia profunda del significado de las esferas de piedra, serán necesarias más y mucho más profundas exploraciones referentes a esa maravillosa cultura. De otra forma jamás conoceremos el propósito original de las esferas.
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      El trabajo colectivo como base de comprensión
      En el fondo lo que distingue universalmente a los “Dikís” no son las esferas pétreas, que hicieron con tan sorprendente maestría, sino cómo, bajo cuál atmósfera social y con qué instrumentos de trabajo las lograron.
      Los expertos deberán avocarse a una disertación profunda de los procesos de trabajo involucrados en la manufactura de las esferas.
      Sin lugar a dudas el razonamiento metódico de cada una de las fases empleadas antaño para la culminación de la esfera, será fundamental no solo para acercarnos a la concepción original de su significado, sino además se ampliaran con él las respuestas referentes al quién, cuándo, cómo y por qué, de estos monolitos.
      Los “Dikís” dispusieron por más de un milenio los recursos materiales, la fuerza laboral y el tiempo para crear sus característicos monumentos.
      Esto nos indica con claridad que la realización de esferas no fue de ninguna manera un hecho aislado, ni mucho menos un acontecimiento individual.
      Por todo lo alto se puede ver en la manifestación escultórica de los “Dikís”, una importante tarea colectiva que abarcó distintos grados de especialización y participación popular.
      Intérprete de las esferas Debemos a la arqueóloga Quintanilla, las primeras reflexiones de significado social. En su examen “El proceso de producción de las esferas de piedra de origen precolombino de Costa Rica” nos insta a ver en las esferas el resultado de una productiva actividad económica y social de los grupos amerindios que las gestaron. Señalando los procesos de trabajo, la intencionalidad, la comunicación social, entre otras reflexiones, como fundamentales para entender dicha sociedad y su obra.
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      Intencionalidad
      La creación de esferas no fue de ninguna manera un efecto casual. Las múltiples etapas de su trabajo culminaron con un resultado previamente pensado.
      No existen ensayos de esferas, bolas imperfectas, remedos de esfericidad ni tanteos de redondez. Desde la creación de las primeras hasta la desaparición de los “Dikís” las esculturas redondas sorprenden por su alta perfección esférica.
      Esto denota una decidida intencionalidad y la aplicación organizada de una ingente fuerza de trabajo. La cual no pudo haber sido ejecutada por una horda de bárbaros primitivos, cuya única razón de ser fuera la de matarse entre si, arrancar corazones para ofrenda de sus sangrientos dioses, y coleccionar cabezas como trofeos de guerra. Sino más bien es, a todas luces, la realización de una desarrollada sociedad amerindia donde la intencionalidad del proceso laboral, fue dirigida a la conceptualización de la forma que se esperaba obtener.
      La representación esférica y su consumo (en el plano ideológico) fueron evidentemente de gran importancia y significado para los “Dikís” quienes las produjeron y distribuyeron a lo largo de todo un milenio sin cambios en el resultado final.
      Producción de esferas como actividad económica La gran cantidad de esculturas esféricas encontradas en el Delta, denotan un escalonado proceso de trabajo y por tanto, se refleja en ellas una intensa actividad económica.
      Entenderemos por economía al ciclo espacio-temporal en el cual la sociedad amerindia de los “Dikís” realizó una transformación intencionada de la materia por medio de la aplicación de energía laboral. Incluyendo en este concepto a la agricultura, caza, pesca, preparación de alimentos, construcción de asentamientos, caminos etc. hasta la talla de una escultura.
      Energía, materia e intencionalidad son los dispositivos vitales para advertir cualquier acción económica, y estos factores estuvieron presentes en la cultura de los “Dikís” por ello se asevera que la producción de esferas fue una actividad económica de alto uso y consumo social.
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      A partir de esta perspectiva se podrá avanzar en la comprensión de la cultura artífice de las esferas y de la finalidad asignada a estas, así como el manejo de la estructura ideológica por parte de la élite de poder que gobernó a este grupo amerindio, quienes a través de tan exclusiva expresión artística apelaron al lenguaje figurativo de sus esculturas como un medio de propagación de ideas y señorío social.
      Un medio de comunicación social
      En las tres regiones geográfico-culturales del continente americano: Mesoamérica, Región intermedia y la zona andina o incaica, la escultura monumental constituyó para las civilizaciones amerindias, uno de los más importantes medios de comunicación social y difusión de ideas.
      Estos grupos humanos modelaron en la piedra sus concepciones míticas, religiosas, políticas y artísticas, con las que lograban consolidar y justificar su etnia.
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      En el pacifico sur de Costa Rica, la representación de un concepto absolutamente abstracto (esfera) se conservó y coexistió con esculturas de jaguares, tapires, lagartos, hombres y mujeres, amén de un sinfín de modelos naturales.
      Las esferas se exhibieron junto a estas otras manifestaciones culturales de los “Dikís”, en áreas abiertas y públicas, configurando una escenografía impresionante y arrobadora.
      Las esferas de piedra del Delta, junto a las cabezas olmecas, las estelas mayas, los inmensos Moais de Pascua, las esculturas aztecas e incaicas, son algunos de muchos ejemplos de monumentos escultóricos de los pueblos prehispánicos.
      La mayoría de estas impresionantes muestras culturales han sido desarraigadas de sus argumentos originales. Exceptuando a los monumentos gigantescos, los demás han ido a parar a las vitrinas de los museos del mundo, desde donde se han estudiado.
      Fuera de su contexto cultural las piezas se analizan partiendo de las crónicas de conquista, relatos de colonizadores y misioneros, o bien por datos obtenidos de etnógrafos, viajeros, cazadores y aventureros quienes por azar o destino se han tropezado con antiguas reliquias.
      Las interpretaciones dadas por estos métodos de estudio no siempre son exactas, pero generalmente complacen las expectativas de investigadores y curiosos.
      Complicaciones en la interpretación
      En el caso de las esferas del Diquís, el asunto se complica un poco más debido a la ausencia absoluta de referencias en las crónicas de conquista, cuentos de colonos y registros de misioneros, e inclusive en las metodologías disponibles para abordarlas.
      Ningún hombre blanco desde el traumático contacto español hasta el siglo XX había tenido contacto con estos monumentos esféricos. Posteriormente los etnógrafos no lograron obtener de los pueblos amerindios sobrevivientes, ninguna referencia, en sus mitos y tradiciones orales, acerca de las esferas. El simbolismo de esta particular representación cultural permanecía en el misterio.
      Trabajos de campo Dichas limitaciones exigían la excavación inmediata de las zonas de hallazgo para determinar la organización social y las formas de expresión religiosa de sus hacedores. Pero cuando este tipo de trabajos iniciaron, ya el daño provocado por la agricultura extensiva de la transnacional y la ambición de los huaqueros, habían ocasionado perjuicios irreparables a los sitios arqueológicos.
      Con todos estos elementos en contra, se lograron recabar valiosos indicios en donde se encontraron:
      A) Esferas asociadas a yacimientos que poseían los basamentos de una arquitectura monumental, tales como: montículos ovalados, circulares o rectangulares, construidos mediante rellenos artificiales, soportados con muros de cantos rodados) así como amplias zonas de uso público (plazas, caminos empedrados).
      B) Esferas asociadas a yacimientos, donde no se observan estructuras arquitectónicas y que parecen haberse ubicado en relación con la demarcación de territorio o con la indicación de un espacio de significado social (conmemorativo, marcador, etc.).
      C) Esferas asociadas a zonas de taller.
      D) Esferas asociadas a contextos funerarios.
      Esferas públicas
      La primera revelación dada por las excavaciones, fue el hecho de encontrar la gran mayoría de las esferas asociadas a construcciones habitacionales y de uso ceremonial. Posicionadas en amplias plazas de libre acceso público. De aquí se infiere: Las esferas fueron hechas por el pueblo y para el uso y consumo popular, auspiciadas por el grupo selecto de los gobernantes y ordenadas por los sacerdotes.
      Se descubrieron asentamientos con muchas esferas, otros con unas pocas y algunas aldeas solo poseían una.
      Se sugiere que la población de los sitios con mayor cantidad de esferas fue más trabajadora, o bien los factores sociales, económicos, políticos y religiosos de esos asentamientos, recalcaban su prominencia con más signos de poder y rango.
      Entorno a ellas se realizaron ceremonias, danzas y cantos, cuya ritualística se ha perdido en la profunda cavidad de todas las edades. Quizá estos rituales estuvieron relacionados con la fecundidad de la tierra, el océano y las mujeres (eterno femenino).
      Tal vez con el sol, la luna o la orquestación de astros propicios, que señalaron las mejores épocas para la siembra y la cosecha, la caza y la pesca, el nacimiento y la muerte. Jamás lo sabremos con certeza. La colocación de esferas monumentales en lugares ampliamente visibles, sin restricción evidente al acceso popular y muchas veces en forma de racimos formando figuras geométricas, ha llamado la atención de los investigadores, más aún cuando estos conjuntos de esferas se han encontrado integrando líneas, orientadas con cálculos de gran precisión, en direcciones Norte-Sur, Este-Oeste.
      Esto ha llevado a pensar en un posible uso astronómico de los monumentos, una especie de reproducción de constelaciones o bien como jardines astronómicos. Pero estas ideas no pueden ser ratificadas del todo, debido a la remoción de las esferas, por ello una de las prioridades del “Parque Temático de las Esferas” es el de reubicarlas en su alineamientos originales para iniciar estudios tentativos en esta dirección.
      Esferas territoriales y conmemorativas
      A los monumentos esféricos aislados significativamente de pretéritos asentamientos urbanos, se les ha considerado como señales de antiguos límites territoriales. A su vez otras esferas sitiadas fuera del eje central, (mega sitio Palmar-Sierpe) sugieren por su ubicación estratégica cumplir con una función conmemorativa. Alguna importante batalla, el nacimiento de una reina, sus nupcias o su deceso, etc.
      La esfera del silencio
      Su ubicación –sobre una loma- y gran tamaño -2.57 metros de diámetro- sugieren un significado muy especial del punto donde se encuentra. Quizá fue trasladada hasta allí con fines conmemorativos o simbólicos. Es evidente la sobrehumana inversión de trabajo requerida para fabricar y trasladar, hasta esa imposible ubicación topográfica, semejante monolito esférico.
      Esferas de taller
      La cercanía a las canteras, un bajo grado de pulimento y el descubrimiento de esferas colocadas sobre montículos con basamentos arquitectónicos, esto es: estaban bajo techo, dentro de una edificación y por tanto aisladas de la mirada popular, hace sospechar que algunas esferas permanecieron hasta el momento de su hallazgo, en zonas asociadas a talleres de acabado final.
      Esferas funerarias
      Hasta la fecha se ha reportado un único caso en donde las esferas están asociadas a un contexto funerario. No se encontraron ubicadas encima de las tumbas, esto les daría el grado de: individuales mausoleos fúnebres, sino más bien su posición delimitaba el panteón. Esto a su vez reafirma la idea de que la posesión de las esferas fue colectiva y no individual.
      ¿Por qué es tan importante su emplazamiento original? El establecimiento de conjuntos de esferas conformando diseños geométricos, el gran tamaño de algunas, aunada a la construcción de plazas y lugares abiertos, las relacionan indiscutiblemente con espacios sagrados y centros públicos.
      La evidencia explorada por Lothrop y Stone, de que las esferas originalmente fueron alineadas en posiciones astronómicas significantes, es limitada pero intrigante por demás.
      Por fortuna se conservan los planos de aquellos primeros exploradores, los cuales grafican algunas de estas alineaciones originales.
      Pero los actuales investigadores, al analizar esta información no han podido obtener ninguna constante en las orientaciones registradas; sus posiciones; ni en el tamaño relativo de las esferas alineadas. A menudo grandes esferas estaban acompañadas por otras más pequeñas.
      Se sabe en cambio que las esferas fueron alineadas en la cúspide o bajo montículos, y que la mayoría de las veces estuvieron acompañadas por grandes estatuas, determinando de esta manera un espacio ceremonial dentro de un sector residencial.
      Como hemos mencionado las ubicaciones originales de las esferas se han perdido. Aproximadamente 300 esferas monumentales se registraron en las primeras zonas de estudio, en la década de los años 1940. Los huaqueros y traficantes de tesoros arqueológicos, saquearon posteriormente muchas más, de las cuales no queda el menor registro.
      Se considera que más de un 90% de los monolitos esféricos han sido removidos de sus espacios originales.
      Conservamos la esperanza de que en el futuro, las nuevas tecnologías como el radar tierra-penetrante, pueda revelar la existencia de esferas, aun enterradas “in situ” en las capas de aluvión fino.
      Las esferas no pueden ser entendidas como objetos aislados.
      Tratar de comprender el significado de una esfera de piedra posada, en el hermoso jardín de alguna mansión de lujo en el valle central de Costa Rica, o bien exhibiéndose en el frontón de cualquier edificio de gobierno, o inclusive en la sala documentada de un museo, podría llevarnos a entender alguna faceta de la cultura que la desarraigó de su ambiente original, pero no obtendremos ni una pista sólida del porque de su existencia.
      Para emprender serios estudios acerca del significado de las esferas, es indispensable reinsertarlas dentro de su contexto prehispánico original, donde los aspectos ideológicos ocuparon un papel esencial.
      Los “Dikís” adornaron la arquitectura de sus “aldeas” con una rica producción de objetos, utilizados como símbolos públicos. Las grandes estatuas de base de espiga y las esferas de piedra fueron elementos centrales en el manejo de imágenes y emblemas colectivos.
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      La producción en el Delta del Diquís de objetos de alto contenido alegórico, forjaron el imaginario colectivo del pueblo y con ello los elementos inconfundibles de su identidad local.
      Esta clara identidad étnica fue estratégica para el grupo dominante, pues con ella lograron la cohesión social de otros clanes y tribus a su señorío, ganando con ello: territorios, tributos y fuerza laboral.
      Sacerdotes y reyes “Dikís” comprendieron el poder de la dominación ideológica basada en el manejo y la fuerza de la imágenes. La figura geométrica más perfecta que puede concebir el ser humano, no es el triangulo ni el cuadrado, ni ninguno de sus derrames geométricos, sino la esfera.
      Una abstracción
      A nivel estilístico las esferas de piedra exponen una ruptura con las representaciones típicas de la estatuaria, metalurgia y cerámica precolombina de toda América. Esta ruptura se manifiesta en el marcado interés por representar en la piedra y de manera monumental, un concepto abstracto (la esfericidad).
      Las formas artísticas en otras manifestaciones culturales amerindias, giran en torno al mundo natural, con modelos animales, vegetales o humanos, expresados casi siempre con exquisita estilización.
      Las esferas de los “Dikís” quebrantan los paradigmas tradicionales y se avocan a incorporar una abstracción no presente en el mundo natural.
      Sus resultados reflejan una alta elaboración conceptual de la tan abstracta idea de esfericidad.
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      Opiniones de significado
      Expertos, profesionales en diversos ramos, investigadores de misterios, místicos, esotéricos, profanadores de tumbas, científicos, amas de casa, y el pueblo en general han opinado acerca del significado de las esferas.
      Transcribo algunos de esos criterios de manera aleatoria y sin especificar la fuente. Dejo a juicio del lector la validación o rechazo de tales opiniones y no dudo que algunas le harán reflexionar.
      Los criterios expresados no necesariamente son excluyentes unos de otros. Algunos plantean ideas que pueden ser correlacionadas con otras opiniones, otras sencillamente no calzan en ninguna parte.
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      • Símbolos de poder y rango de una desarrollada sociedad cacical, mediante los cuales instituyó y dio expansión a sus dominios.
      • Precisos alineamientos de esferas en dirección al norte magnético del planeta indican un posible uso de compases magnéticos.
      • Fueron el símbolo de la madre tierra y representaron el eterno femenino. En torno a ellas se realizaron mágicos rituales colectivos de fecundidad y ofrenda.
      • La forma esférica nació de la necesidad de mover objetos pesados. Después de todo, las esferas ruedan en todas las direcciones con resistencia mínima. Luego el diámetro de las bolas de piedra creció como concepto artístico o religioso y terminaron transportando gigantescas esferas sobre el lomo de las más pequeñas.
      • Fabricar una esfera involucró procesos altamente ritualisticos, de connotaciones, mágicas, místicas y religiosas. El profundo significado de las esferas estuvo en hacerlas, el producto final no fue más importante que su elaboración. Por tanto las esferas son el producto residual de un objetivo mayor.
      • Fueron dispositivos navegacionales que señalaron hitos específicos como Stonehenge, las pirámides de Egipto, la Isla de Pascua etc.

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      • La esfera es el emblema del ser más allá de la nada.
      • No se puede hablar de un significado único del las esferas, se fabricaron de manera constante por un periodo de mil años, es lógico pensar que su significación y propósito cambió varias veces con el avanzar de los siglos.
      • Las esferas del Diquís son objetos curiosos e inclasificables.
      • Fueron símbolos mitológicos relacionados con el sol y la luna. La élite los utilizó para enlazar su origen con los mismos dioses.
      • Son el símbolo perfecto de la divinidad. “Dios es una esfera cuyo centro esta en todas partes y su circunferencia en ninguna”
      • Representan la concepción del mundo y su cosmología, por tanto sus creadores poseyeron sofisticados conocimientos astronómicos.
      • El diseño perfecto para viajes inter-estelares.

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      • Son prodigios con la capacidad de irradiar energías de paz y bienestar.
      • Una señal evidente de la visita de seres de otros mundos a esta zona del planeta.
      • Calendarios astronómicos de gran precisión, que indicaron las épocas propicias para la siembra y cosecha, la paz y guerra, la pesca y cacería.
      • Son dispositivos de equilibrio atmosférico y tectónico, ubicados estratégicamente en el punto crucial de las masas continentales del norte y sur de América.
      • Puertas dimensiónales cuya llave descansa en el eje de una mente liberada del batallar de los opuestos.
      • Un precioso legado de las culturas que nos precedieron en la historia.
      • El altar perfecto. El tálamo ideal.
      • Los juguetes de una raza de gigantes que pobló el mundo antes del hombre.
      • Son las cárceles de poderosos demonios primigenios que solo pueden ser contenidos en la perfección de la esfera.
      • Emblema inconfundible de la identidad del pueblo que las creó.
      • Jardines astronómicos que representaron, a escala, constelaciones estelares.
      • Un recordatorio tridimensional de equilibrio, equidad y plenitud, donde el arriba y abajo, derecha e izquierda, pierden su ser y significado.

      Image7114.jpgAlgunas de estas interpretaciones han generado libros enteros, pero nadie a dado la última palabra sobre el significado de las esferas de piedra encontradas en el Delta del Diquís y las investigaciones continúan.
      PERSPECTIVA UNIVERSAL
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      La escultura esférica concebida por los “Dikís” a partir de un sólido mono-bloque de duro granito, se caracteriza entre mil cosas, por mostrar una misma vista, independientemente de la ubicación del observador.
      La esfera es la única figura geométrica que nos brinda una perspectiva unificada.
      Su indivisible concepto puede ser abarcado completamente desde cualquier posición.
      Así, las esferas monumentales colocadas en plazas públicas por los amerindios “Dikís” mostrarán siempre la misma forma análoga.
      Sin variaciones la verá el dios Sibö desde el cenit de los cielos, el dios Surá desde sus dominios subterráneos en el eje de la tierra.
      El rey, sentado en su alto trono verá la misma figura que observa la plebe postrada a sus pies.
      Nobles, mujeres, sacerdotes, niños, guerreros, comerciantes, campesinos, cazadores y todo ser viviente que tenga ojos, donde quiera este observando, vera una misma esfera, una escultura integra y total por donde se la mire.
      La esfera no concede privilegios a los ojos de dioses o demonios, de nobles o plebeyos. Por más elevado sea el estrato social del observador, no logrará en la esfera una faceta de mayorazgo.
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      El parque temático de las esferasLa obtención de un parque temático para las esferas, en la zona sur Costa Rica, aparte de ser una idea maravillosa será un logro indispensable para la preservación y estudio de éstas esculturas.
      La primera fase del proyecto consiste en la repatriación de las esferas. El objetivo es recongregarlas hacia su contexto natural, cuyo origen geográfico, étnico y por tanto cultural, empezará por dar una idea del designio de su presencia.
      Dicha fase dio su primer paso con la repatriación de ocho esferas en octubre de 1999. Iniciativa liderada por el Museo Nacional, encabezado entonces por la señora Melania Ortiz, con la participación de la sociedad Landsmarks, organismo internacional, creado para la protección de monumentos históricos en todo el mundo. Además colaboran: la Dr. Dana Tomlin, la Universidad de Yale y de la Universidad de Pennsylvania, el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes y el señor Jorge Jiménez Deredia, quien es el merecido padrino del proyecto. Unidos a tan histórico ideal está la comunidad y municipio de Osa.
      El claro propósito, a partir de este primer fruto, fue el de continuar con el rescate de más esferas.
      No se vislumbraron mayores problemas (aparte de los tediosos tramites burocráticos) para recuperar las exhibidas en instituciones públicas.
      Por otro lado las diplomáticas peticiones hechas a personas e instituciones privadas, quienes conservan esferas, no tuvieron desde el inicio respuesta positiva por parte de la mayoría de los detentadores privados.
      Pese a que la ley # 6703 de patrimonio nacional arqueológico, declara a estas esculturas precolombinas como propiedad del Estado. Incluyendo las adquiridas por particulares después de la vigencia de la ley Nº 7 del 6 de octubre de 1938.
      Como quiera que las esferas fueron descubiertas a finales de 1939, todas y cada una de ellas constituyen patrimonio arqueológico nacional y no son propiedad privada de nadie.
      Según dicha ley, toda persona que posea esferas de origen prehispánico, será responsable de su conservación y deberá garantizar su integridad.
      Escribo esto sin haberme reunido con los abogados del Museo Nacional, por tanto no conozco los pormenores jurisprudenciales (si los hay) que traban el rescate y la eventual repatriación de más esferas.
      Patrimonio de la humanidad
      Por su parte el gobierno de Costa Rica hizo solicitud, en el año 2001, a la UNESCO -Organización para la Ciencia , la Educación y la Cultura de las Naciones Unidas- con el fin de declararlas patrimonio de la humanidad.
      La solicitud fue planteada por el Ministro de Cultura al Director General de la UNESCO , Koichiro Matsuura, quien recibió la propuesta mostrándose partidario de la idea.
      Para que esta gestión inicie el trámite respectivo ante el Comité del Patrimonio Mundial, Costa Rica deberá cumplir con las estrictas exigencias de la UNESCO. La primera obligación consiste en presentar un completo y convincente estudio arqueológico.
      Cán Basát Róje
      Haciendo justicia a los pobladores aborígenes del país, se bautizó el futuro parque con el nombre: Cán Basát Róje, (esfera de piedra en lengua Boruca)
      Cán Basát Róje inicia rodeado de entusiasmo y buenos augurios.
      La Cooperativa de producción agropecuaria SURCOOP, dona 10 hectáreas de la famosa finca 6.
      La hoy llamada Finca 6, formó parte de la capital arcaica de los legendarios “Dikís”
      Arqueológicamente se conoce como el mega sitio Palmar-Sierpe y se sabe que en épocas prehispánicas alcanzó por lo menos 900 hectáreas de esplendor.
      En esta área precisa se conservan, en el sitio de su descubrimiento, varias esferas. Aquí se planean construir las instalaciones centrales del Parque Temático de las Esferas, desde donde se brindará información arqueológica acerca de los monolitos y pueblos indígenas que habitaron el Diquís.
      Será además el centro idóneo para propiciar investigaciones intensivas y de alto nivel en la zona, generando la posibilidad de continuar la búsqueda de orígenes y significados de tan ancestrales esculturas. A partir de este eje se consolidaran otros sitios arqueológicos, mediante la compra de los terrenos donde se ubican, creando en la zona todo un circuito de espacios con esferas.
      Objetivos estratégicos
      Se trabaja por integrar principalmente, cuatro sitios estratégicos emplazados en el Delta:
      1) Finca Seis (ya adquirido) y las estribaciones de la Cordillera Costeña. Importante por la alta probabilidad de encontrar allí, las canteras antiguas de donde se extrajo el material de las esferas.
      2) Batambal, punto estratégico poseedor de esferas y montículos además de una arrobadora vista hacia las tierras bajas. Actualmente en esta zona existe un asentamiento de indios borucas, asunto que no reviste el menor problema, pues la nación Brunca es un fuerte aliado en esta ofensiva.
      3) El Silencio, localizado en las afueras de Palmar Norte, posee la esfera más grande registrada. La recuperación de este sitio es urgente, pues la esfera se deteriora con gran rapidez.
      4) Grijalva. Se ubica en las afueras de ciudad Cortéz. La finca de los Grijalva, es rica en hallazgos arqueológicos. Allí se espera continuar con el análisis de vestigios para comprender mejor la cultura artífice de las esferas.
      Espectáculo incomparable
      Uno de los más grandes atractivos del parque, además del museo consagrado a los tesoros de la región, será el poder admirar allí las sorprendentes alineaciones que algunos racimos de esferas exhibieron en su glorioso pasado.
      Para reconstruir las colocaciones antiguas los expertos se basan en los estudios, mediciones y cartografías realizadas el siglo pasado, en la década de los años 40, por Lothrop y Stone.
      El restablecimiento de las alineaciones originales, aparte de ser un espectáculo colosal, permitirá explorar su significado en relación con la luz sideral (solsticios, equinoccios, constelaciones, etc.)
      De la misma forma en que los monolitos esféricos de Delta del Diquís, son únicos en todo el orbe, el parque temático de las esferas será un atractivo sin par.
      Con él se atraerá la atención de viajeros, provenientes de todas las latitudes del mundo, quienes tendrán la oportunidad de disfrutar de uno de los legados históricos, más singulares de toda la América prehispánica.
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      Exhortación No creo exagerar si afirmo: El futuro de las esferas de piedra en Costa Rica y para el mundo, depende de la realización efectiva de tan admirable proyecto.
      Insto a todas aquellas personas, -nacionales y extranjeros- concientes de la necesidad de rescatar para la posteridad este preciado tesoro universal, colaboren con él.
      Hay mucho camino por delante y mil formas de ayudar: Reportar esferas en manos privadas; declarar si hay abandono o descuido; denunciar saqueos y trasiegos ilegales; colaborar en la compra de terrenos que posean sitios arqueológicos, etc. son algunas de las muchas maneras de apoyar el proyecto. La única institución autorizada para canalizar los aportes públicos o privados para el “Parque Temático de Las Esferas” es el Museo Nacional de Costa Rica.
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      1. Con el fin de comprender mejor la rama científica encargada de estudiar las esferas de piedra en Costa Rica, me doy a la tarea de escribir una pequeña síntesis de tan amplia disciplina.
        La arqueología moderna va más allá del método de los pacientes anticuarios, y hace muchos años dejo de ser el mero estudio sistemático de los restos materiales de la vida humana ya desaparecida.
        Hoy esta disciplina ha asumido la tarea de reconstruir la vida, obra, pasión, subsistencia y muerte de los pueblos antiguos. Razón por la cual esta rama de la ciencia, desata en nosotros pasiones ancestrales.
        Muchas veces depositamos en ella nuestras esperanzas de acercarnos a la solución de las preguntas de siempre:
        ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿Hacia donde vamos?
        Aliada inseparable de su matrona la antropología, quien estudia la cultura humana desde una perspectiva biológica, social, filosófica y humanista. Ocupada con semejante paquete, la antropología ha delegando el análisis de las manifestaciones materiales de las culturas antiguas a la arqueología. Sin embargo, en la actualidad, la alianza entre ambas disciplinas es tal que nos cuesta (a los legos) puntualizar sus jurisdicciones.
        Hoy, la arqueología está en estrecha interrelación con casi todas las otras disciplinas científicas.

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        Métodos y técnicas
        E
        l trabajo del arqueólogo, en general, puede dividirse en varias fases:
        a) Obtención de datos
        b) Descripción de los mismos
        c) Análisis preliminar
        d) Interpretación.
        Obtención de datos
        El hallazgo casual realizado por cazadores, campesinos, montañistas, constructores o huaqueros de un yacimiento, moviliza a un entusiasta grupo de arqueólogos, quienes armados de equipo profesional, amén de picos, palas y sus infatigables brochas, se disponen a realizar el trabajo de campo. Pero antes de iniciar la excavación se deberá revisar toda la literatura científica existente, se consultarán además -si hay disponibles- textos antiguos, artículos modernos y estudios geológicos y medioambientales, con el fin de orientar la búsqueda.
        Luego se procede a elaborar una prospección arqueológica, la cual consiste en explorar y sondear previamente el terreno, y con esto reconocer sus posibilidades. En la prospección se han de localizar los yacimientos que van a proporcionar los datos.
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        La fotografía aérea –si el presupuesto lo permite- es un método de reconocimiento adicional muy importante.
        A partir de la década de 1970 se han sumado un número notable de nuevas y sofisticadas técnicas, como el uso del radar para estudiar el subsuelo, los sensores de rayos infrarrojos, resistencias eléctricas, magnetómetros de protones y sensores remotos por satélites. Pocas de estas tecnologías se han utilizado en el estudio de las esferas en Costa Rica. Se espera implementarlas en un futuro cercano.
        También está la posibilidad del sondeo arqueológico submarino. Utilizando las maravillas del sonar y de otros sensores eléctricos especializados, se puede lograr la detección de las muchas esferas, que se sospecha yacen hundidas en el fondo de los ríos Térraba y Sierpe, así como en la ruta hacia la isla del Caño.
        En tierra, el objetivo es localizar yacimientos intactos, -cosa en la actualidad difícil- con depósitos estratificados y sus correspondientes materiales.
        Desde un punto de vista ideal, la aparición de esferas en un contexto estratigráfico claro permite establecer una cronología precisa y reconstruir -teniendo la suficiente información contextual-, todo el sistema cultural en los distintos niveles históricos. Cuanto mejor sea la investigación inicial, más fácil será la excavación y en general todo el trabajo de campo.
        Lamentablemente en el caso del Diquís, la mayoría de los sitios de interés han sido saqueados, y las esferas removidas de sus contextos originales. Sin embargo no todo se ha perdido.
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        Una importante labor preliminar en el Delta del Diquís fue parcialmente realizada por Doris Stone y Samuel Lothrop en la década de 1940. Ellos mediante una excavación sistemática colectaron los primeros datos.
        El objetivo de una excavación es doble: establecer una cronología y observar el contexto. Si bien estos pioneros no lograron una datación clara, las observaciones del paisaje arqueológico, aunque gravemente devastado desde aquella época, continúan siendo de gran valor para las investigaciones modernas.
        El viejo pero aún fiable sistema para establecer la cronología consiste en la excavación de yacimientos con estratigrafía clara, estableciendo los distintos niveles de ocupación que se hallan superpuestos.
        La obtención del contexto de los distintos niveles de ocupación antigua, requiere de cuidadosas técnicas de excavación, prestando particular cuidado a la localización de cada artefacto y ecofacto (restos de antiguos materiales orgánicos). Toda esta actividad debe ser complementada con datos medioambientales obtenidos mediante el uso de técnicas interdisciplinarias. Los estudios zoológicos, botánicos, geológicos, edafológicos – análisis físico, químico y biológico del suelo- sin obviar los climáticos, tienen el objetivo de precisar el ecosistema y el medio ambiente donde se va a realizar la excavación.
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        Descripción y análisis preliminares
        Los análisis de laboratorio y la descripción, constituyen normalmente el paso siguiente al compendio de datos, aunque la realización simultánea de todos estos trabajos mejora en gran medida la eficiencia en la excavación.
        Las observaciones preliminares pueden revelar huecos en la cronología y en el contexto, e indicar dónde se deberían recoger más datos y cuales metodologías aplicar para completar las lagunas de información.
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        Los baches cronológicos y las lagunas de conocimiento previo no son escasos en las exploraciones del Delta del Diquís, pero debemos tomar en cuenta por lo menos dos factores:
        a) El hallazgo de monolitos esféricos de proporciones monumentales son exclusivos de la región –no hay con que compararlos-.
        b) Los estudios de reliquias pétreas se han enfocado primordialmente hacia los tallados en piedra. –estelas, jade, cabezas, etc.- Los objetos elaborados mediante las técnicas de picado y abrasión -esferas de piedra entre ellos- han sido poco atendidos, ocasionado con esto un pobre desarrollo en metodologías para su abordaje analítico.
        Sin embargo nuestros arqueólogos han logrado establecer algunos contextos culturales y fijado su cronología. Ya se han elaborado algunas propuestas basadas en el estudio analítico del contexto cultural y medioambiental de la región, tendientes a reconstruir los sistemas culturales y ecológicos que convivieron con las esferas.
        La arqueología en todo el mundo valora cada artefacto descubierto, como el resultado de la actividad humana en el tiempo en que fue fabricado.
        Pero determinar con exactitud qué actividad lo produjo, y como esa actividad encaja en la antigua cultura de su hacedor, es a veces problemático.
        Los restos de desechos como huesos de animales, tiestos, textiles y partes de plantas fosilizadas, etc. proporcionan datos relativos a la forma de vida de quién los tiró, dan indicios sobre los elementos del ecosistema, refieren a la estacionalidad de los patrones de asentamiento y dan valiosas pistas acerca de las relaciones comerciales.
        Las formas de enterramiento, las ofrendas y los ajuares de las tumbas, aportan mucha información sobre el pasado, particularmente en aspectos como: la concepción de la realeza, la jerarquía, el rango social o las prácticas religiosas. Cada objeto refleja las actividades realizadas en el periodo en que los hombres ocuparon el yacimiento.
        Interpretación
        Armado con toda la información que ha podido compilar en el campo, más la de investigaciones afines, el arqueólogo intenta sintetizar las cronologías regionales en una secuencia de culturas y ecosistemas de áreas más amplias o de regiones relacionadas entre sí. Ejemplo: Región Gran Chiriquí, sub-región Diquís. Mega sitio Palmar-Sierpe.
        Si la evidencia arqueológica colectada en meses incluso años de ardua faena, generalmente bajo condiciones atmosféricas y climáticas adversas, Lidiando contra mosquitos, serpientes y cuanta alimaña heredó con las edades el yacimiento ha examinar. Si esta evidencia es lo suficientemente completa, se podrá reconstruir hasta en mínimos detalles el asentamiento humano que habitó en el sitio explorado. Describiendo en forma dinámica el progreso de su civilización, los cambios culturales, cómo y cuándo se produjeron los mismos, etc.
        En tanto nuestro esforzado arqueólogo se parte la espalda con su trabajo, otros sabihondos pretenderán conocer al dedillo y sin necesidad de las estrictas disciplinas científicas, la raíz de los enigmas que él busca.
        Por otro lado decenas de caza fortunas, vestidos a lo “Indiana John” posaran para las cámaras al lado de los descubrimientos más relevantes, atreviéndose algunos hasta en adjudicarse los hallazgos del arqueólogo.
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        La dama de las esferas
        La inesperada, y al final infranqueable dificultad burocrática para acceder a los inéditos documentos públicos de investigación arqueológica, resguardados por el Departamento de Antropología del Museo Nacional, aparte de irritarme como contribuyente, (los costarricenses pagamos por dichas investigaciones) limitaba la ya de por sí escasa información disponible acerca de las esferas.
        Mi deseo era estudiar los resultados del proyecto “Hombre y Ambiente en el Delta Sierpe-Térraba” cuyo propósito fue el de arrojar más luz sobre el misterio de las esferas y sus creadores.
        Convencido que tal información era prioritaria para mi libro, la intransigencia de una empleada pública no iba a detenerme. Me di entonces a la caza del líder del proyecto.
        Tocando puertas con la insistencia de un vendedor de escobas, logré a través del “Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona”, en España, la dirección electrónica de Ifigenia Quintanilla, quien radica en tierras catalanas desde hace varios años. No pocos me advirtieron que la arqueóloga poseía una personalidad intolerante.
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        Con timidez y sin reales esperanzas de respuesta, le escribí un primer correo manifestándole mis inquietudes.
        Ante mi sorpresa, la respuesta de aquel mensaje electrónico, enviado por un perfecto desconocido, llegó a las pocas horas.
        Con la paciencia de una maestra de pre-escolar y sin embargo tratándome con el respeto que le merece un colega, (sin pretender serlo pues desde el principio le manifesté ser artesano de oficio y escritor por vicio). Ifigenia se dio sin recelos a compartir conmigo sus conocimientos. La ausencia de recatos a la hora de exponer el avance de sus investigaciones científicas, me hizo comprender que me encontraba frente a una profesional segura de su trabajo.
        Expiraba el mes de julio de 2004, cuando la científica me avisó que estaría en Costa Rica por unos días. Acordamos reunirnos en fecha 28, a las dos de la tarde en la cafetería del Correo Nacional.
        -No lo conozco, cómo puedo reconocerlo- preguntó vía electrónica.
        -Busque en la sección de fumadores a un viejo canoso. Sobre la mesa estará el libro de Samuel Lothrop, “Archaeology of the Diquís Delta”
        Con puntualidad europea se apersonó la arqueóloga. Yo tenía la ventaja de reconocerla por las fotografías de los diarios. Cuando la vi entrar al café, sentí que aquello iba a ser un dispar encuentro entre el amateur de las esferas y la profesional de peso completo.
        Ella se encaminó sin vacilaciones directo hacia mi mesa.
        -Un admirable investigador- dijo sin haberse sentado, señalando el libro- su obra es impresionante y abarca muchos ámbitos de la arqueología americana.
        Sin necesidad de serias presentaciones, nuestra informal conversación inició con Lothrop y sus correrías científicas. Luego a lo que vinimos: las esferas del Diquís.

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        Inicié la plática con un tema, que por falta de conocimientos no desarrollo en este libro: los petroglifos calados en épocas prehispánicas sobre la superficie de algunos monolitos esféricos.
        -En el año de 1999, -le dije- cuando se anunció el proyecto del Parque de las Esferas, el Museo Nacional publicó una foto, la cual muestra un grabado antiguo, tallado sobre el lomo de una esfera monumental, he recorrido todo el Delta del Diquís buscando la esfera con tan particular petroglifo, y no he dado con ella, ¿Dónde la tienen escondida?
        -No hay nada escondido –respondió sonriente – sólo hay ojos que no ven. Usted me dijo haber observado las esferas de “Finca Victoria” en Palmar y que le llamó mucho la atención una esfera que exhibe una especie de cicatriz, ya le expliqué la naturaleza de esa cicatriz. (Una formación natural en el granito) Pues esa es su esfera escondida.
        -¡Imposible! –Exclamé- esa esfera no tiene ningún petroglifo.
        -El calado es sutil, se realzó para la fotografía, a simple vista solo puede ser notado en algunos meses del año y en horas específicas, pero le garantizo que está allí.
        Ifigenia no solo posee una visión especializada, producto de su disciplina académica, sino además es en extremo exigente con respecto a cualquier interpretación aventurada sobre el tema de las esferas.
        Al comentarle la forma en que abordo, en este libro, algunas de las interrogantes en torno a las esferas me dijo:
        -Su usted fuese antropólogo, por ejemplo, hace rato nuestra platica se habría convertido en una acalorada discusión. Su disciplina (la literatura) no le exige abordar un tema con rigor científico. Puede darse el lujo de jugar y hasta abusar con la relación de ideas y conceptos afines, puede rellenar con la imaginación los baches que la exploración arqueológica no ha cubierto aun. En fin usted puede tratar un tema como le venga en gana. Pero tratándose de esferas precolombinas yo jamás validaré ninguna propuesta que no esté estrictamente respaldada por la evidencia científica.
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        Nuestro diálogo se extendió por mas de cuatro horas, comentamos acerca de muchos y variados tópicos, girando siempre en torno a las esferas.
        Antes de conocer personalmente a Ifigenia, la admiraba por su trabajo profesional, hoy mi admiración se extiende a su alta calidad humana.
        No se si deba ser yo quien dé la buena nueva, pero me alegró mucho escucharla decir, que pronto saldrá al mercado su libro de las esferas de piedra. Espero impaciente dicha publicación la cual no dudo será una obra monumental.
        -En buena hora, –le dije- después de más de trece años de excavaciones, mediciones, análisis y estudio consagrado a las esferas de piedra, celebro que su obra este lista.
        -No Alberto –me respondió con cierto acento de severidad- después de todos estos años, quien está lista soy yo. Lista para emprender una investigación arqueológica, pues ya se: Dónde, cómo y qué buscar.

      2. ArqueologíaLa materia abordada en estas páginas no permite aventurarse a conclusión alguna.
        Las esferas de piedra como cualquier otra escultura monumental es sencillamente un objeto, cual por si mismo no puede expresar su significado profundo, para comprender dicho significado es perentorio conocer a la cultura autora del monumento. Este conocimiento es actualmente escaso.
        En el Delta del Diquís y su amplio circuito arqueológico en donde se involucran esferas de piedra, las investigaciones intensivas y de alto nivel son apenas un noble proyecto. Lo conocido hasta la fecha de ninguna manera es concluyente.
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        Los científicos costarricenses están listos para iniciar la empresa, solo faltan los recursos económicos y la voluntad política para el desarrollo de los proyectos.
        Una vez iniciados los intensivos trabajos de campo, obligatoriamente irán apareciendo las muchas piezas faltantes de este intrigante rompe cabezas.
        Sin lugar a dudas se ubicaran las canteras, con inconfundibles trazas de segmentos separados de la beta y bloques preparados con y sin indicios de un devastado inicial. Junto a las canteras se podrán estudiar vestigios de pretéritos talleres, rodeados de desperdicios líticos y no pocas herramientas e instrumentos asociados a la construcción de esferas, y quizá una que otra esfera monumental inconclusa. Los cementerios indígenas de la época, mostraran restos óseos con evidencias de desgaste en algunos individuos, por las labores picar, devastar, pulir, etc. otros mostraran fracturas por aplastamiento relacionadas con la movilización de bloques y traslados de esferas.
        He colocado todas mis fichas en el centro de la mesa y apuesto sobre la baraja tapada de los futuros descubrimientos.
        Si los expertos no encuentran ninguna de estas evidencias, seré el primero en dar mi adhesión al esoterismo arqueológico, defenderé con entusiasmo la deidad de los cosmonautas del pasado y su ingerencia en la creación de las esferas, y me uniré a los buscadores de la Atlántida.
        Alberto Sibaja
        San José, Costa Rica. Septiembre de 2004
        Bibliografía consultada
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        Ifigenia Quintanilla Jiménez, y Badilla, A., P. Fernández 1998 Hacia la contextualización de la metalurgia en la subregión arqueológica Diquís. Museo Nacional
        Ifigenia Quintanilla Jiménez, y Fernández, P. 1999 Metalurgia, Esferas y Estatuaria de Piedra en el Delta del Diquís, Costa Rica: Producción Local de Símbolos de Poder, Paper presented in the Symposium “Gold and Power in Ancient Costa Rica, Panamá, and Colombia”, Dumbarton Oaks, Washington, D.C.
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        Quiros Älvarez Guillermo, Los petroglifos del Diquís, Costa Rica, un SIG primitivo. Rupestreweb
      3. Conclusión

      Alberto Sibaja Álvarez
      albertosibaja[arroba]costarricense.cr
      Siböwak – http://www.sibowak.com/

      PARA MAYORES DETALLES ESCRIBA A PAPELERA SANTA ROSA EN http://www.santarosapapelbanano.jimdo.co,.sea/ CONSCIENTE,CONSUMA RESPONSABLEMENTE

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